diumenge, d’abril 10, 2011

[ es ] ¿Por qué los federalistas deberíamos votar (y votar sí) en las consultas soberanistas?

[ work in progress. versión 0.1 ]



Lo confieso: soy federalista y he votado que sí en la consulta del 10A. Más aún, no creo que el que haya incurrido en una contradicción sea yo ("un secesionista no independentista"), sino, por el contrario, quienes, por una parte, niegan la exigencia de la ruptura constituyente al proyecto federal, y quienes, por la otra, se aferran a una "independencia" que no es más que un ideologema, un vestigio de la obsolescente soberanía moderna. 

La posición de Joan Herrera o el pseudofederalismo de los subalternos

Las recientes declaraciones del líder de ICV, Joan Herrera, diciendo que no votaría en las consultas soberanistas debido a que no se ofrece la opción "Estado federal" es completamente injustificada desde una perspectiva federalista. Con su excusa demuestra que, antes que por la ruptura constituyente que reclama la opción federal, por lo que está, tanto él como quienes le siguen en ICV, es más bien por una simple acomodación de su organización en la subalternidad que le brinda el actual régimen político; vale decir, por el status quo del Estado de las Autonomías. 

El problema de fondo en este acomodarse a la subalternidad no es menor, ya que apunta al nudo gordiano de la cuestión federal en el Estado español, a saber: "no se puede hacer una tortilla sin romper huevos", o lo que es lo mismo, no se puede pasar de un Estado unitario descentralizado a un Estado federal sin un proceso constituyente que otorgue a las partes del futuro acuerdo federal, el derecho previo a constituirse y federarse libremente (e insistimos en lo de constituirse, ya que en el momento actual no existen de jure). 

El tránsito a un Estado federal, dicho sea de paso, es lo que el "federalismo retórico y unitarista" (el que profesan mayoritariamente en el PSOE e IU) no afronta debido a su subalternidad dentro del nacionalismo español. O por decirlo con otras palabras: en el Estado español paradójicamente la inmensa mayoría de los federalistas son quienes podríamos aspirar a la independencia por disponer de una identidad nacional alternativa a la española. La gran mayoría de los "españoles" no parecen ver razones para asumir la lucha por el federalismo como una prioridad (salvando todas las distancias, de la misma manera en que una gran mayoría de hombres no encuentran incentivos "suficientes" para abandonar el patriarcado). 

A menudo, sabido es, la excusa cicatera que se ofrece es que la prioridad de movilización social es la "verdadera" divisoria social a la que toda otra debe estar subordinada (la de clase, claro). El argumento de la necesidad de construir el federalismo desde la hegemonía del discurso de clase (en no menor medida que quien pretentada hacerlo desde el discurso de la estricta acomodación cultural) lo que viene a demostrar, precisamente, es la incapacidad de escapar a la reductio ad unum, a la aspiración nada federal de seguir operando en una concepción monista de lo político (partiendo del individuo y no del simbionte, de la concepción funcionalista y no cooperativista del poder, etc.). No es de sorprender, pues, que ante un proceso como el de las consultas, los pseudofederalistas (en rigor unitaristas más o menos descentralizadores) sólo sientan impotencia y apenas alcancen a producir otro discurso que ese lamento plañidero por los esfuerzos malgastados en una causa menor.


Y es que en la medida en que la identidad española se sigue configurando como una matriz excluyente (castellanocéntrica, unitaria, centralista, etc.) que confiere privilegios a los depositarios de la identidad frente al resto de los supuestos conciudadanos, el nacionalismo español se autoinvalida como proyecto federal haciendo que lo suyo sea más una retórica de la federación que una alternativa federal para un Estado multinacional. El éxito rotundo de la derecha postfranquista en su apropiación de la idea de España, sostenido materialmente en privilegios a los que sus beneficiarios (comprensiblemente) no desean  renunciar (como el hombre no desea renunciar al privilegio patriarcal), aboca a la necesidad de una ruptura constituyente que problematice (que haga presente, "real") la presencia de esos "otros" incómodos (y que incomodamos) al "ser español", a saber: quienes nos resistimos a la asimilación bajo un paradigma identitario que nos ha convertido históricamente (y nos sigue convirtiendo en el tiempo presente) en ciudadanos de segunda por nuestra condición de nacimiento (por nuestra "nación").

¿Qué es (y qué no es) esta consulta?

La serie de consultas sobre la independencia, iniciada con el referendum d'Arenys de Munt y que ahora culmina (significativamente) en Barcelona ha sido y es, desde el principio, un proceso de movilización catalanista, fundado en la desobediencia civil y que aspira a trasladar a la ciudadanía la sencilla idea de que ejercer el derecho a decidir es posible, tanto si le gusta al Estado español como si no. Nos encontramos, pues, ante un ejemplo inequívoco de política de movimiento; un caso de ruptura con el poder soberano que arrastra, por suerte, a parte del mando (CiU, grandes medios, etc.) en su táctica e impone, frente a las políticas de partido y de notable, su propia potencia. 

Esta consulta es, digámoslo claro, un proceso de movilización social autónomo, que aspira a una ruptura constituyente y es cuando menos en este horizonte como se formula en términos estrictamente políticos. Queda por ver, en cualquier caso, en qué acaba (lo más probable en el fin del ciclo de movilizaciones iniciado en Arenys de Munt). Pero nadie puede negar que lo que ha dinamizado el proceso ha sido, fundamentalmente, el deseo de una red de activistas por reivindicar su derecho a decidir la manera en que quieren articular su pertenencia a Europa y su convivencia con sus conciudadanos europeos (también los españoles). 

Este deseo, muy mayoritariamente identificado por las redes de activistas con el demarcador simbólico independencia (una palabra tan pronunciada como vaciada de un contenido sustantivo: ¿independencia de qué o quien? ¿independencia del Estado español y de la UE? ¿independencia de Ikea y Coca-Cola? ¿independencia del cine americano o de la música anglosajona, del kebab o del shushi?), no necesariamente transpone al terreno de lo político, por vía del discurso, un conocimiento efectivo, y menos aún, la asunción de las implicaciones de la construcción de un Estado catalán. 

De hecho, a poco que se pensasen las cosas un poco más allá de los marcos de identidad estratégica (el independentismo es una estrategia, no una identidad nacional), a poco que se pensase en la búsqueda de soluciones institucionalmente viables a la cuestión catalana, la inmensa mayoría de quienes se quieren independentistas (a buen seguro quienes lo dicen por ser catalanes y no profesionales de la política independentista, que es algo muy distinto) dejarían de serlo para redescubrirse en la comprensión autónoma, objetiva y no subjetiva, de su nación. Sólo entonces comprenderían que el federalismo es su única opción (un federalismo autónomo, pluralista, asimétrico, constituyente, etc.).

Sea como sea, a fin de expresar el deseo constituyente, las redes catalanistas han formulado, ciertamente, una pregunta que es más expresión de un proyecto ideológico independentista, que no una alternativa institucionalmente practicable (ni deseable en términos federales). El propio enunciado de la pregunta es en sí mismo cuestionable en términos de procedimentalidad democrática (el Plan Ibarretxe, por ejemplo, superaba notablemente esta propuesta, tanto en su formulación como por el hecho de ser vinculante). Pero, sobre todo, es políticamente inviable en los términos en que está formulado.

Expongámoslo de otro modo: aunque el "sí" fuese vinculante, no se resolvería el problema de fondo. Y la razón para ello es bien sencilla: no se puede aspirar a fundar un Estado-nación en ruptura con Europa y permanecer en Europa al mismo tiempo. Y es que la parte de falsa consciencia que hay en todo razonamiento ideológico (y el independentismo de hoy más que una alternativa, es una ideología) conduce a pensar que resulta posible romper con el Estado español (una ruptura, por tanto, constituyente) y mantenerse en un acuerdo federal (la UE) que ha firmado un único sujeto jurídico: el Estado español. 

En efecto, al obviar los contenidos y naturaleza del acuerdo federal europeo, la mayoría del independentismo deduce (de manera injustificada y que aboca a la crisis institucional) que de la ruptura constituyente se sigue, de manera automática y no conflictiva, la adhesión del futuro Estado catalán a la UE. Y ello sin tener en consideración lo que pueda pensar o dejar de pensar la contraparte secesionada (al resto del Estado español, que por cierto incluye otras naciones sin Estado y, por ello mismo, potenciales constituyentes de una federación) ni como pueda, por ello mismo, actuar en consecuencia (por ejemplo, vetando el acceso del Estado catalán a la UE). 

En este orden de cosas, no deja de llamar la atención que la pregunta proponga permanecer en la UE por medio de la construcción de un Estado nacional sin tener en consideración la naturaleza de la propia UE (un dato empírico tan incuestionable como inasumible por el independentismo europeísta: en el seno de la UE no ha habido nunca un proceso de secesión que haya culminado en la creación de un nuevo Estado nacional; incluso en una situación en que el independentismo ha alcanzado a ser mayoría --caso belga--, seguimos sin presenciar la fundación de un nuevo Estado nacional). Y es que la paradoja del "independentismo europeísta" es que sólo es independentista del Estado español y no de la UE. Y aunque, puestos a explorar todas las opciones también se podría optar por un "independentismo autárquico" (a la cubana), esto no deja de ser, a la hora de la verdad, algo más que un epifenómeno; el delirio ideológico de cuatro izquierdistas desfasados, ajenos a los cambios cataclísimicos operados en la política durante las últimas décadas.


La paradoja del "independentismo europeísta" (en sí mismo todo un oxímoron habida cuenta de que el europeísmo es un federalismo) tiene una explicación a la par tan sencilla de explicar como difícil de resolver desde un punto de vista institucional: la estructura de la soberanía en un mundo globalizado no es ya la de un poder territorial exclusivo (como en los siglos XIX y XX), sino (siempre) la de un poder compartido, pactado, federal. Ni Cuba (a la sazón referente de no pocos independentistas autarquistas) u otros Estados más o menos pretendidamente independientes (Montenegro, Kosova, etc.) resultan viables ya en un mundo globalizado (esto al margen de lo poco atractivos que puedan resultar como proyectos de Estado nacional o de la soberanía limitada de que disfrutan). Y es que, guste que no, se haya reflexionado o no, la única solución institucional viable para quienes aspiran a la "independencia" (en rigor, quienes aspiran a resolver la cuestión catalana) es el federalismo (europeo, no español, eso sí).

En conclusión, podemos afirmar que, en términos estrictamente políticos, la consulta es una expresión de empoderamiento ciudadano frente a los abusos políticos del Estado español, en general, y jurisprudenciales de su Tribunal Constitucional, más en particular. El despliegue de las consultas sólo puede tener por efecto reforzar la dignidad nacional de Cataluña y plantear el agotamiento de ese modelo territorial que es el Estado de las Autonomías. 

Si Herrera y los suyos no fuesen tan cortos de miras serían perfectamente conscientes de la necesidad que el federalismo tiene de apoyar este horizonte constituyente, de responder al cuestionamiento por el poder judicial del derecho a decidir (y de lo decidido, por cierto, por las cámaras legislativas catalana y española respecto al Estatut). Después de todo, una pregunta mal formulada, inviable y no vinculante, que consigue poner en marcha un proceso de ruptura con el poder soberano a la par que movilizar a una parte más que significativa de la población, no puede ser sino un síntoma de cambio (aunque no sea un síntoma del destino final, lo que lo hace doblemente interesante para los federalistas); un diagnóstico del agotamiento de un diseño institucional en vigor y la emergencia de una nueva arena política en la que quedarse en casa es pretender una politicidad impolítica de lo político (algo únicamente comprensible bajo la lógica discursiva de la razón cínica que tanto caracteriza a buena parte del estamento político actual; incluidos los socialistas que implementan políticas neoliberles, los ecopacifistas que aprueban bombardeos, etc.).


Secesión sí, independencia no.


Llegados a este punto la disyuntiva implícita en el proceso de las consultas puede ser formulada en términos estricamente antagonistas, contemporáneos, políticos. La verdadera escisión ya se ha producido y fue sancionada en su momento por el Tribunal Constitucional con su sentencia sobre Arenys de Munt. Desde entonces, el proceso constituyente está en marcha. No ciertamente como un proceso vinculante para el conjunto de la ciudadanía catalana (inexistente en términos de vínculo jurídico con el resto de la ciudadanía española de la que es parte de acuerdo con la Constitución de 1978), sino para la nación; esto es, para la parte de la ciudadanía que decide movilizarse en virtud del agravio que se inflinge a su igual dignidad de nacimiento (tanto si es para votar sí, como si es para votar no). 

De haberse formulado con más inteligencia y menos ideología la pregunta, seguramente el proceso podría proyectarse más allá del ciclo de movilizaciones de las consultas. Desafortunadamente no es el caso y una vez agotado el ciclo, las redes activistas habrán de extraer conclusiones y repensarse cómo ir más allá de lo que se ha ido. En este sentido, tampoco cabe esperar que bajo los marcos interpretativos del independentismo clásico se pueda ir más allá del balance positivo que ha ampliado ligeramente el campo soberanista; lo más probable de un cuarto a un tercio del electorado (los encuestadores nos dirán hasta qué punto con mayor o menor rigor estadístico), pero en cualquier caso, todavía muy lejos de la mayoría cualificada que habría de guiar un proceso de independencia.


El problema, sin embargo, es que el ciclo de las consultas agota discursivamente el primer ciclo que había originado la ola (el de las movilizaciones por el derecho a decidir de la PDD). El repliegue discursivo que se observa en el paso de la reivindicación del derecho a decidir o de la dignidad nacional al manido discurso veintisecular de la independencia y la autodeterminación no permite albergar grandes esperanzas para la recombinación repertorial del soberanismo. Antes bien, a juzgar por las reacciones observadas en los debates en que hemos planteado los problemas intrínsecos al repliegue discursivo, todo parece apuntar a que estamos a punto de ver como se abre una fase involutiva, proclive a las spinozianas pasiones tristes, el sectarismo y la "quema" de activistas (burning out) que no a un debate estratégico capaz de comprender limitaciones y plantearse en serio los desafíos intelectuales, antagonistas e institucionales de la soberanía en el mundo global.


La secesión (la escisión del poder soberano que abre un horizonte constituyente en base a la reivindicación de la igual dignidad de nacimiento) es hoy un hecho en Cataluña (por más limitado que sea, de momento, su impacto sobre las estructuras del Estado español), la independencia (la instauración de un Estado nación en el seno de la UE por efecto de la ruptura del soberano español) no lo será. Nada malo hay en esto último, pues pertenece ya al trabajo de los historiadores. Lo importante es que seamos capaces de comprender la complejidad del debate y el salto de gramática política que comporta lo primero. 


Y si no es independencia ¿qué?


En la obsesión identitaria de la estrategia que caracteriza a buena parte de independentismo, esto es, en la necesidad de afirmarse como los catalanistas más "auténticos" ya que más opuestos al Estado español (lo que en términos estratégico, por cierto, sólo favorece la estrategia estatal de la tensión), muchos independentistas han perdido de vista que no es en la mímesis del opresor ("en ser una mujer que se comporta como un patriarca"), sino en el ser uno mismo, donde se enuncian las condiciones de posibilidad de la emancipación. En otras palabras: no es en ser como el español, esto es, ciudadano de un Estado nacional "sin problemas de identidad" (si acaso esto fuese cierto), como se emancipa uno. 

De hecho, una gran mayoría de los españoles (como los franceses, alemanes, etc.) tienen serios problemas de identidad nacional (especialmente en un marco global) y se encuentran, a decir verdad, en una situación mucho más complicada que las naciones que se han constuido sin Estado. Y es que, en rigor, las naciones sin Estado disponen de una ventaja enorme en un mundo en que el Estado nacional se hace obsoleto. La identidad nacional construida contra el poder soberano, en la organización de la sociedad civil (tal y como se pone de relieve en el proceso de las consultas) es a día de hoy el principal acervo catalanista. 

La libertad de la nación no se encuentra en el Estado nacional, sino contra él, en el luchar por la propia capacidad de determinar aquello que a uno le conviene en tanto que parte de un todo común (la libertad como reconoce el apotegma luxemburguista siempre comporta un otro: "libertad es siempre la libertad del que piensa diferente", ese otro que piensa distinto es, inevitablemente la contraparte federal). Y ello tanto si es para votar sí o no a una pregunta constituyente (viable o no). 

Gallegos, vascos y catalanes no seremos libres por conseguir la maquinaria de nuestro propio sometimiento (deberíamos tomar buena nota de las experiencias dictatoriales del mundo postcolonial), los dispositivos de un mando biopolítico con el que un grupo social (seguramente integrado por quienes actualmente son más poderosos en el mando a nivel autonómico) nos pueda gobernar a los demás (el cuerpo social que promueve la ruptura constituyente o nación). Antes bien, somos libres (¡y potencialmente soberanos!), porque nos hemos constituido con éxito ante un Estado nacional (poco importa aquí ya si es español o no). 


El problema nacional sobre este particular (el problema estratégico efectivo) sigue siendo un problema de comprensión de la geneaología histórica de nuestras naciones como entidades políticas más allá de las mitografías nacionalistas; naciones que no se comenzaron a constituir con anterioridad a la creación del Estado nacional (español) y que, de hecho, siguieron a la modalidad en que este se constituyó (hace años que la Ciencia Política superó el primoridalismo, ya va siendo hora de que los historiadores nacionalistas readapten sus relatos a la genealogía de la nación). 

Así las cosas, cabe preguntarse: ¿habría hoy naciones sin Estado en el Reino de España de haberse constituido este Estado nacional en el respeto de la diferencia y la organización culturalmente adecuada de su mando? El ejemplo helvético nos responde con empírica claridad que no (por simplificar el ejemplo: un suizo que habla alemán no tiene otra nación que Suiza; un español que habla catalán, vasco o gallego ha tenido que constituirse como nación Galiza, Euskal Herria o Catalunya). En otras palabras: cuatro lenguas no son inevitablemente cuatro naciones sin un Estado opresor que constituya a sus poblaciones diferentes, en poblaciones subordinadas (nótese, siguiendo con el ejemplo, la diferencia entre las políticas lingüísticas helvéticas y las españolas).

Si, en definitiva, nos hemos pensado como naciones contra la idea monista, autocrática y centralista de España (¡y lo hemos conseguido!); si, por el contrario, españoles, franceses o alemanes (por poner sólo algunos ejemplos) no han podido evitar pensarse como naciones fuera del populismo de la extrema derecha, del odio xenófobo al inmigrante, del autoritarismo de la ideología estatalista, etc., ¿realmente necesitamos un Estado nacional propio? ¿No será que la cuestión es más bien la articulación autónoma de un régimen de poder con capacidad efectiva para decidir (cosa que, por demás, lo es cada día menos el Estado nacional en el marco de la globalización)?


Llegados a este punto, la mentalidad indepedentista siempre responde, ajena a la potencia del presente, anclada en la memoria del pasado del otro opresor: "me contento con un Estado nacional propio", prescindiendo de que con él no evitaríamos las mismas derivas que el resto (y que, de hecho, ya se observan sin dificultad en las dinámicas generadas por los nieveles actuales de autogobierno). Lo que se le escapa a quien así piensa es que la Historia, por más certidumbre que ofrezca en el pasado, sólo es eso: la narración del pasado. 

En cambio, lo que las naciones sin Estado necesitan hoy, por el contrario, es mucha más Ciencia Política (mucho más programa de la política contenciosa, más teorización desde la Autonomía) que Historia (que historiografía nacionalista, que relato identitario del pasado). Sólo bajo una óptica autónoma que entienda la solución a la cuestión nacional en la óptica de ruptura constituyente, en la  formulación simbiótica de la antropología política y en los diseños institucionales federales (asimétricos, pluralistas, etc.) podrá realmente efectuar la potencia del presente, ganar el futuro.

dimarts, de març 29, 2011

[ cat ] Conferència "Tenim propostes pel segle XXI?"

La Xarxa de centres cívics de Barcelona celebra la 'Festa de la filosofia', una invitació lúdica a la reflexió conjunta sobre els temes d'actualitat.


Tenim propostes pel segle XXI?"

L’actual crisi econòmica té conseqüències en la qualitat de vida dels ciutadans i posa de manifest les limitacions del sistema democràtic. Davant d’aquesta situació part de la societat civil s’autoorganitza per reivindicar i buscar alternatives que donin resposta als problemes que els afecta. Sobre el paper dels moviments socials i les propostes que plantegen davant la crisi en parlarem en aquesta conferència.

Aquesta conferència tindrà lloc el dilluns 4 d'abril, a les 19 hores, al centre cívic Golferichs (Gran Via, 491). L'entrada és lliure però les places són limitades. És necessari reserva a golferichs@golferichs.org o per telèfon al 93 323 77 90. Cal recollir l’entrada 15 minuts abans de la conferència.

+ web de Golferichs

Reserves:

(de 10 a 14 i de 15 a 20h)
Presencialment: Gran Via, 491
Per mail: golferichs@golferichs.org
Per telèfon : 93 323 77 90

dimecres, de març 23, 2011

[ cat ] Taula rodona sobre la guerra a Líbia i les revoltes als països àrabs

Debat en taula rodona
Lloc: Ateneu Llibertari de Sants
c/ Maria Victòria, 10
Tel. 93 421 59 39
Sants, Barcelona
L1+5 Plaça de Sants
Data: Dimarts 29 de març
Hora: A les 20:00

Taula rodona entorn a la intervenció de la "Coalició Internacional" a Líbia i la guerra que s'hi està desenvolupant. Aquest tema evidentment caldrà contextualitzar-lo en les revoltes que s'estan donant en molts països àrabs on tot i la gran quantitat de morts que s'hi estan donant, la reacció de la ONU i dels altres organismes internacionals no han estat de la mateixa proporció.

Llista de convidats confirmats (anirem actualitzant així que confirmin):
  • Raimundo Viejo Viñas, Professor associat de Ciències Polítiques i Socials(UPF).
  • Marc Almodovar, documentalista i col·laborador de la Directa, testimoni en primera persona de la revolta a Egipte.

Per confirmar:
  • Abdennur Prado, president de la Junta Islàmica Catalana i director del Congrés Internacional de Feminisme Islàmic.
  • S'accepten propostes...

dissabte, de març 19, 2011

[ gz ] Lembrança de Miguel Munín

Isto do Facebook é, ao seu jeito, umha curiosa máquina do tempo. Quando pensas que já nunca mais saberás de um amigo ou de um velho conhecido, aparecem assi, de súpeto, e voltas a estar em contacto, mesmo se nom vai moi para alem do gesto simbólico de ficar conectados na infosfera.

Confesso que gosto moito de este recuperar velhas amizades e conhecidxs, pouco importa se som antigos estudantes, velhos companheiros de pupitre na escola ou algum amor que nom foi. Sempre que o passado nom interfira moito no presente (cada cousa, melhor no seu sítio), que se saiba dele ai, junto a nós, acompanhando, é-che toda umha experiência cibernética que temos que agradecer a estes tempos que nos foi dado viver. Toda umha ledícia, logo, saber de quem foi um dia; emoçons inéditas para as que ainda nom temos palavras.

Mas às vezes, porém, é toda umha cibersaudade a que aproveita as abertas portas do passado para virem sacudir a nossa inconscente infoesfera presente. Assi foi que se passou o outro dia quando soubem do passamento de Miguel Munín. Cousas da hipertemporalidade do facebook, umha outra voz bemquerida de esse pretérito presente, o Emilio Martínez, fixo-me saber do acto em recordo da sua pessoa que tivo lugar onte na faculdade de económicas de Compostela. Como nom podia assistir animou-me a escrever umhas palavras para o acto que aqui deixo, in memoriam.



Lembrança de Miguel Munín

A história de Miguel Munín é das que fam a História. Histórias como a sua som histórias de entrega, de paixom polo comum, de defessa do público... histórias nas que latexa o milenário omnia sunt communia dos anabaptistas, esse “todo é de todos” que nasce da generosidade colectiva.

Para a formidável colheita de quadros políticos e activistas sociais que deu o país naquel curso 86/87, Munín era um referente de combatividade e loita. Para quem, aliás, coincidimos com el no claustro, toda umha figura chea de auctoritas estudantil perante o estamento professoral. O seu activismo, o que representou a sua trajectória pessoal, marcou um ponto de inflexom no evoluir do movimento estudantil.

A finais dos oitenta e começos dos noventa este movimento alcançava a sua madurez no horizonte democratizador aberto nos últimos anos do Franquismo. Continuador do trabalho feito na Transiçom polas mobilizaçons contra da LAU e a LRU, Munín contribuiu de jeito decissivo ao nascimento do movimento estudantil contemporáneo.

E isto com todas as dificuldades que supunha manter naquel momento o carácter reivindicativo da política de movimento ao tempo que a sua institucionalizaçom conducia aos ambivalentes terreos do exercício do poder e das tentaçons conseguintes. A sua honestidade pessoal e trajectória vital deixarom bem claro a firmeza das suas convicçons e hoje constituem parte de um acervo estudantil que nom se deveria estragar. A nós, logo, de conservar a memória da sua pessoa, dos seus logros, das suas loitas que tambem forom e seram as nossas próprias.


Barcelona, 15 de março de 2011

dimarts, de març 08, 2011

[ es ] El volcan dormido

Publicado por Diagonal, nº 145, 3 de marzo de 2011, pág. 35


Allá por 1848, en vísperas de la revolución, Tocqueville advertía a la Asamblea Nacional: «Creo que nos estamos durmiendo sobre un volcán». La advertencia de un político liberal, moderado en extremo y demócrata de convicción parecía una exageración propia de la retórica parlamentaria de la época. No lo era y los acontecimientos posteriores demostrarían lo que es un lugar común de la politología: el estallido del contencioso social siempre es imprevisible, siempre acecha a quien gobierna y no se expresa (necesariamente) por los cauces institucionales previstos. Y para ejemplos: la revuelta griega o la revolución árabe.

Sin embargo, aquí entre nosotros, la pregunta siempre implícita, aunque de más difícil respuesta, es sí la aparente paz social suscrita por los “agentes sociales” es un volcán dormido. La pregunta se desdobla según el ángulo desde el que se afronta. Arriba y a la derecha la pregunta es si existe margen de maniobra para el giro antisocial y si, en su defecto, la alternancia del centroderecha puede asegurar la implementación del proyecto neoliberal sin una “helenización” de la política (ni qué decir una “arabización”).

Esta ha sido y es la apuesta de Zapatero y este es el proyecto que cada día cobra más fuerza en el seno del PSOE bajo el liderazgo de relevo que encabeza Rubalcaba. La idea de esperar a que los indicadores socioeconómicos comiencen a apuntar el final de la crisis y de rentabilizar el éxito (ajeno) de la paz en Euskal Herria, confía el proyecto neoliberal a la capacidad del ejecutivo para construir el consenso social y ver fructificar sus resultados antes de las generales (las municipales y autonómicas dándose ya por perdidas).

El péndulo de la alternancia propio de la democracia liberal, dispone no obstante de una segunda opción, más amenazante y marcada por un escenario de mayor tensión social. La política catalana se ha convertido en este sentido en un laboratorio neoliberal para el conjunto del Estado. La fórmula es de sobra conocida: por una parte, se intensifican los recortes en servicios sociales; por la otra, se avanzan nuevas privatizaciones y se refuerzan las políticas represivas. Queda por saber si este giro es posible en el más amplio marco de una aplicación de esta estrategia al conjunto del Estado (bajo un gobierno del PP) o si la estrategia de las derechas no podría evitar, por el contrario, la guerra social (requisito imprescindible, visto desde arriba a la derecha, para atraer la inversión).

Abajo a la izquierda, la respuesta parece tan evidente como compleja: evidente ya que el volcán dormido es cosa de todos los días y, por consiguiente, nadie duda de su existencia; compleja, pues nadie sabe por dónde podría estallar y menos aún cómo hacerlo estallar. Al contrario, ya sea por la vía sindical (CCOO y UGT), ya sea por la vía parlamentaria (IU, ICV, Esquerra, BNG, etc.), los interfaces de la izquierda no parecen capaces de invertir la situación y lejos de invocar a la multitud parecen contentarse con gestos que rentabilizar electoralmente.

No de otro modo se pueden entender las políticas de gesto para la galería que se observan en el parlamento. Un ejemplo bien ilustrativo se puede ver en el afán con el que estas izquierdas se han aplicado a apropiarse de las soluciones a los deshaucios propuestas por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. ¿Dónde estaban cuando gobernaban? ¿Dónde el puño en la mesa cuando, además de necesario, habría sido útil? No será la primera ni la última vez que veremos a estas izquierdas, liberadas de las obligaciones pendulares de la subalternidad para con los socialistas, presentarse con iniciativas tardías, aunque necesarias.

¿Y qué decir de las convergencias por las uniones de la izquierda que se promueven desde IU? ¿Acaso no demuestran una retórica de la movilización sin antagonismo satisfecha con multiplicar sus diputados hasta una irrisoria media docena gracias al voto socialista? ¿Cómo no suscribir lo escrito en el anterior número de Diagonal por Carlos Taibo? La izquierda parlamentaria, como en tiempos de Tocqueville, parece hoy confundir el origen del calor del suelo sobre el que se está durmiendo.

dimarts, de febrer 22, 2011

[ cat ] El nou escenari catalanista




Els projectes polítics han de proposar solucions institucionalment viables

Article a Público, 22 de febrer de 2011, pàg. 5

Des del moment que la Plataforma pel Dret de Decidir va convocar la manifestació del 18-F fins a la històrica jornada del 10-J, passant per les rondes de consultes, hem assistit a una nova onada de mobilitzacions catalanista. Com a efectes destaquen una reactivació i recomposició interna de les xarxes catalanistes, una important renovació del discurs i la incorporació d’una nova generació. L’escenari postelectoral, però, és de crisi i recomposició de forces a dins del catalanisme. Les declaracions recents dels Pujol (pare i fill), el fet de si Mas anirà a votar el 10-A, els posicionaments dels partits independentistes cap a les municipals o la proposta d’organitzar un referendum són indicadors clars d’aquest canvi d’escenari.

Per a poder comprendre aquest nou escenari, cal ressituar, però, les dinàmiques derivades de la política de partits en el marc analític de referència que és propi al catalanisme: la política de moviment. I és que el catalanisme no és un projecte de partit, ni dels partits (en plural) que es reclamen representants de la dignitat nacional. Per contra, el catalanisme és una expressió de la política del moviment, una dimensió de les lluites d’emancipació que s’articulen en la vindicació del dret de decidir. Igual que la resta de les dimensions en què s’expressa la política del moviment (gènere, classe, etc.), el catalanisme s’origina en l’escissió amb el poder sobirà (en aquest cas, l’Estat espanyol). Per això mateix, els canvis que s’operen en l’estructura d’aquest són decisius per a les pròpies dinàmiques catalanistes.

Arribats a aquest punt no és difícil comprendre la importància de la conjuntura actual. Després de tres dècades d’Estat de les autonomies hem arribat a un punt de tensió en què només una cosa sembla clara: estem davant d’un procés esgotat i els projectes polítics han de proposar horitzons amb solucions institucionalment viables o enfonsar-se en les seves pròpies debilitats ideològiques.

Sota aquesta perspectiva les opcions del conflicte nacional semblen clares: per una banda, entre els beneficiaris del sobirà espanyol s’han reforçat les opcions centralistes i resimetritzadores (PP, UPyD, Ciutadans) davant dels partidaris del status quo (la gran majoria del PSOE i d’IU així com els regionalismes nascuts del model autonòmic); per l’altra, tenim un catalanisme dividit entre 1) els partidaris de renegociar alguna modalitat d’increment de l’autogovern que vagi més enllà dels límits fixats per la jurisprudència del Tribunal Constitucional (majoria de CiU), 2) els partidaris de tancar el model autonòmic amb la transició cap a alguna modalitat de federalisme asimètric (sectors catalanistes del PSC, ICV, etc.) i 3) els partidaris d’una ruptura independentista (minoria de CiU, ERC, SI...).

Per als partidaris de l'opció 1 s’hi ha de tancar tota estructura d’oportunitat procliu a intensificar la mobilització catalanista, ja que els podria posar en dificultats a l’hora de negociar amb Madrid. Una baixa mobilització amb moments de caràcter més aviat simbòlic, en canvi, seria altament beneficiosa a l’hora de pressionar i mantenir viu el vincle amb l’electorat.

Els partidaris de l'opció 2 es troben davant una situació paradoxal: es volen federar amb qui, per contra, no es vol federar amb ells, sinó més aviat mantenir l’status quo o reconstruir una hegemonia basada en un pseudofederalisme resimetritzador (casos del sectors socialistes no catalanistes o d’EUiA).

Finalment, l’opció 3 es veu davant la disjuntiva de rellançar les mobilitzacions o continuar enfonsant el moviment amb els excessos partidistes (escissions, personalismes, etc.). La improbable reunificació en un horitzó immediat de l’independentisme de partit mostra fins a on és inoperant el replec ideològic sobre la gramàtica del sobiranisme modern en un món en que l’estructura de la sobirania ve marcada per una governança multinivell global.

I encara queda l’opció del municipalisme alternatiu. El previsible ridícul electoral de la CUP barcelonina i l’esgotament de les consultes haurien d’establir les bases per un debat seriós sobre l’aprofundiment de la qualitat democràtica, la participació ciutadana i la definició de la interfície representativa del moviment. Queda per veure, però, que s’estigui a l’alçada d’aquest desafiament estratègic.

divendres, de febrer 18, 2011

[ es ] "Pacta sunt servanda"

Artículo publicado por el quincenal Diagonal, nº 143

Los pactos están para ser cumplidos. La reforma impuesta por el PSOE al servicio de los mercados y avalada por CC OO y UGT es la penúltima vuelta de tuerca neoliberal a nuestro maltrecho bienestar. La cosa viene de largo, de muy largo; de principios de los ‘80, como poco. Y a juzgar por cómo van las cosas no parece que vaya a cambiar en lo inmediato: el consenso pergeñado por el Ejecutivo –y cuestionado más de palabra que de obra por la izquierda parlamentaria– arriesga las frágiles resistencias que se han venido fraguando desde el verano.

¿Cómo es posible que tras los recortes se cuele ahora una reforma de las pensiones que nos devuelve a la prehistoria del bienestar? Hasta hace no mucho parecía que la batalla de las pensiones estaba llamada a relanzar el movimiento. El éxito relativo del 29 de septiembre reforzaba esta idea. ¿Cómo es posible entonces que, en apenas unas semanas, CC OO y UGT hayan vuelto a conchabarse con el Gobierno?

No es difícil encontrar razones de tipo estructural en el cambio del aparato productivo: la fragmentación de los centros de trabajo (la extinción de las grandes fábricas y otros espacios disciplinarios), el aislamiento de las figuras del trabajo precario (trabajadores encerrados en sus nichos conectados a la producción por el cable telefónico), etc. Tampoco resulta complicado observar cómo ha operado desde principios de los años ‘80 la hábil implementación transgeneracional del proyecto neoliberal. Atento a incrementar el nivel de precariedad por medio del salto de una generación a otra, el mando capitalista ha conseguido que las generaciones más jóvenes acaben aceptando como promesas lo que otrora fueron logros. De esta suerte se impide al trabajo crear su propia memoria y se rompe con ello la continuidad necesaria a la política del movimiento.

Gracias a la implementación transgeneracional del neoliberalismo, el mando ha conseguido incrementar de forma lenta, pero inexorable la agresividad y competitividad de las relaciones intralaborales. Por si fuera poco, mediante la significación y enfatización de las diferencias internas en el trabajo, el mando ha logrado convertir las distancias que separan la precariedad de la seguridad laboral en la auténtica divisoria entre hegemonía y subalternidad.

La jugada de estos últimos meses se ha basado en un doble movimiento táctico: por una parte, la maquinaria emocional capitalista (xenófoba, sexista, etc.) ha incentivado, cual zanahoria, a las formas más seguras del trabajo; por la otra, la amenaza de precarización (la reforma de la función pública) ha hecho las veces de palo que ha azuzado el trabajo seguro hacia la omertá sindical. De esta guisa, un pacto asimétrico, oportunista y basado en el miedo a perder lo poco que se tiene sella, silencia y pone en marcha el consenso de los mal llamados agentes sociales necesario a la reforma de las pensiones.

Por si todo ello fuera poco, la jugada se cierra con los consabidos y habituales incentivos selectivos al sindicalismo pactista que refuerzan el marco hegemónico a la par que bloquean la crisis del modelo sindical. No obstante, un último factor parece cerrar de manera sospechosa y problemática el éxito de la estrategia del mando que implica a Gobierno, patronal y sindicatos: la ausencia de un vaso comunicante para el descontento social. A pesar de los loables esfuerzos del sindicalismo libertario, nacionalista y alternativo por ofrecer una resistencia, algo falla. El incremento de las expresiones de anomia (así, el ataque al consejero murciano, Pedro A. Cruz) apunta a la necesidad de repensar discursos, tácticas y formas de acción colectiva más allá de los ámbitos que actualmente implican al sindicalismo. La ausencia del estudiantado, por ejemplo, demuestra hasta que punto el sindicalismo no oficial llega tarde a la organización del trabajo.

dilluns, de gener 31, 2011

[ cat ] Jornades Tramuntana, sobre anarquisme i alliberament nacional



Continuació de les jornades del gener qeu es van fer entre Reus i Tarragona. Aquest febrer, totes les activitats són a l'Ateneu Llibertari Alomà, a la Part Alta de Tarragona (c/ Misser Sitges, a tocar de la Sala Trono). Els divendres, a més, les xerrades es complementen amb un sopar vegetarià de productes reciclats per recollir diners per a la biblioteca de l'Ateneu.

Divendres 4, 20h
“Segle XX, els vuitanta i voltants”. Xerrada-debat-sopar. A càrrec d'Agustí Barrera, exmembre del FNC; i Miquel-Dídac Piñero, creador de la CNT dels Països Catalans als anys vuitanta del segle XX. + Sopar A l'Ateneu Llibertari Alomà (Tarragona).

Divendres 11, 20h.
“Idees del segle XX i propostes del XXI?”. Xerrada-debat a càrrec; Raimundo Viejo, professor de Ciències Polítiques a la UPF; i altres. + Sopar a l'Ateneu Llibertari Alomà (Tarragona).

Divendres 18, 20h
“Ara és demà... o no”. Xerrada-debat, amb Ermengol Gassiot, secretari d'Acció Social de la CGT i membre de SAT; a càrrec de l'Arcadi, de Difon la Idea; Carlus Jové, anarcosindicalista; i Fran Nadal, anarquista valencià. + Sopar + actuació de Carlus Jové com a cantautor a l'Ateneu Llibertari Alomà (Tarragona).

Cicle de Cinema Polític Català (II)

Dimecres 2 de febrer, 20h
“El Coronel Macià”
Josep Maria Forn, 2007
Els militars de tot Espanya se solidaritzen amb els oficials assaltants a les redaccions del “Cu-cut” i “La Veu de Catalunya”, tret d’un que planta cara de manera decidida i ferma als seus companys. És el Tinent Coronel en cap de la Comandància d’Enginyers de Lleida. El seu nom és Francesc Macià i Llussà.

Dimecres 9 de febrer, 20h
“Del Roig al blau. La transició valenciana”
Llorenç Soler, 2004
Un documental sobre la “transició espanyola” al País Valencià entre als anys 1975 i 1982. S'hi relata les grans manifestacions, les primeres eleccions, i la que s'anomenarà Batalla de València, a partir d'entrevistes a alguns dels actors polítics i socials que més van intervenir en aquell moment. O com l'Estat espanyol va enfrontar-se a la idea i la possibilitat dels Països Catalans.

Dimecres 16 de febrer, 20h
“De nens”
Joaquim Jordà, 2003
Una pel·lícula-documental que va rodar el director del judici contra la suposada xarxa de proxenetes del Raval. El documental suposa una mirada a les relaciones entre el poders i els ciutadans, un apassionant reflex dels fils que mouen la nostra societat.

Dimecres 23 de febrer, 20h
“El taxista ful”
Jo Sol, 2005
Jose R. desenvolupa la seva rutina de conductor de taxi pels carrers de Barcelona. La seva vida seria igual a la de qualsevol taxista de 52 anys, si no fos perquè els taxis que condueix són robats. Jose roba per a poder treballar. Com es pot arribar a una situació tan absurda? Es tracta d'un boig, o d'un treballador sense treball a qui la lògica del Sistema ha abocat sense remei a semblant paradoxa?

dimecres, de gener 26, 2011

[ cat ] Participació i democràcia

Article publicat a la secció opinió del diari Público, el 20 de gener de 2011, pàg. 5 (Opinió)


L’organigrama del nou govern de la Generalitat no deixa lloc a cap dubte: s’imposen les tesis neoliberals d’un equip reduït a la mínima expressió. La reorganització situa l’executiu davant una legislatura orientada clarament a la dreta, pensada per facilitar la retallada de la despesa pública i ho fa començant per aquelles classes socials més furiosament perjudicades per la crisi. Les àrees importants per assegurar una democràcia de qualitat --com són la igualtat de gènere, el mediambient o la participació ciutadana, per assenyalar-ne algunes-- s’han vist suprimides o bé desfigurades.

En el cas de Participació Ciutadana, desapareix com a direcció general convertint-se en l’Oficina de Participació Ciutadana. Si bé el fet de suprimir la direcció general no implica que la participació ciutadana desaparegui definitivament de l’esfera política, si que implica un gest estratègic que en diu molt del que ens espera a partir d’ara (com a mínim durant els pròxims quatre anys) pel que fa a tirar endavant processos participatius en diferents àmbits.

Alhora, hem vist la tornada de vells quadres polítics, seguim pendents de la depuració de responsabilitats i no sembla pas que aquest “govern dels millors” hagi estat capaç d’incorporar a aquells que es proposaven. I és que en unes setmanes, les notícies procedents de la configuració del nou Govern apunten cap a una davallada més que notable en els indicadors de la qualitat democràtica del govern autonòmic.

Per falta d'espai no entrarem en detall sobre altres aspectes, com ara el gènere o el medi ambient, per citar només uns exemples, però sí que volem apuntar algunes reflexions sobre la manera en que la configuració actual de l’executiu pot afectar a la participació durant els anys vinents.

Per a això és necessari que considerem les quatre formes bàsiques de la participació política que resulten de la institucionalització (o no) de l’acció col•lectiva i que depenen, de la mateixa manera, del caràcter institucional (o no) de les bases sobre les que opera. D’aquesta manera s'en poden distingir quatre formes: (1) una acció en les institucions del règim que està institucionalitzada (la que hem vist operar en la formació del parlament, del Govern, etc.), (2) una acció en les institucions del règim que no està institucionalitzada (per exemple, les diferents formes de corrupció), (3) una acció que es basa en institucions autònomes de la societat (associacions, sindicats, etc) i que està institucionalitzada (per exemple, els moviments socials), i finalment, (4) una acció que no es basa en institucions ni està institucionalitzada (per exemple els disturbis que provoca la celebració d’una victòria futbolística).

Si pensen per un moment en aquestes quatre possibilitats esmentades, no ens costarà gens comprendre la importància que tenen les polítiques de participació ciutadana per evitar que progressin les opcions que afebleixen la democràcia (opcions 2 i 4) i, per contra, per afavorir que triomfin les opcions alternatives (opcions 1 i 3).

Contràriament al que es pensa, l’existència de moviments socials contenciosos no és necessàriament el símptoma d’una democràcia de baixa intensitat. Al contrari, les democràcies més fortes es caracteritzen per importants moviments crítics i combatius. Aixó sí, es tracta d’actors altament institucionalitzats des d’un punt de vista intern i amb gran capacitat, per això mateix, d'interacció i negociació amb les institucions del règim polític.

Si tenim en compte l’actual configuració del Govern, cal esperar que l’actual retirada institucional d’espais públics en els que els moviments socials són més forts i estan millor organitzats (per exemple en tot allò relatiu a certs moviments mediambientals, de solidaritat global o per la igualtat de gènere) sigui ocupada per una nova conflictivitat social.

De la mateixa manera, allà on la retirada del Govern no sigui suplentada pels moviments veurem progressar formes anòmiques de conflictivitat altament disruptives. No ens hauran de sorprendre els esclats espontanis de violència, no necessàriament expressades en clau anticapitalista com durant la darrera vaga, sinó també sota expressions d’extrema dreta (racistes, homòfobes, etc.)

dijous, de gener 13, 2011

[ es ] Escenarios de la farsa política

Artículo publicado por el quincenal Diagonal, nº 141, 6 de enero de 2011, pág. 35


Tras el drama primero, sigue la farsa y con ésta, el imperio de la razón cínica. Así se nos presenta el panorama actual; como una serie de farsas cuya función no es otra que la de fundamentar la razón cínica que informa el discurso público. La farsa, gracias al cinismo que destila, impide que el drama que estamos viviendo se exprese como tal, condena los sujetos de la explotación a la anomia, cercenando toda posibilidad de protesta, y agota a un tiempo la posibilidad de cambio.

Así, por ejemplo, la farsa de huelga general promovida por los grandes sindicatos impide que se pueda expresar el drama que comporta la supresión de la ayuda de 426 euros a los parados de larga duración. La farsa del estado de alarma decretado contra los controladores bloquea cualquier reivindicación de derechos, como si todo el mundo tuviese una situación laboral envidiable. La farsa de las reducciones del 5% del sueldo de los funcionarios obstruye cualquier expresión de la precariedad juvenil, femenina, migrante y de todas las formas de la explotación nacidas de la externalización. La farsa de la integración de Vivienda en Fomento apaga el drama de un hombre que se ahorca ante el inminente desalojo de su familia por parte de ADIGSA, agencia pública gestionada por… ICV-EUiA! La farsa de las cifras macroeconómicas ciega ante el drama de un hombre que, al verse en la ruina, coge la escopeta y se lleva a cuatro por delante (y la farsa mediática, claro está, lo psicopatologiza a él y a su pueblo, Olot, no sea que se vean otros dramas). La farsa de la negociación colectiva, en fin, impide a los trabajadores buscarse otros cauces de acción y presión sobre el capital.

Pero la difusión de la farsa no se detiene en lo socioeconómico. La farsa de la condena a ETA , por ejemplo, permite no tener que buscar soluciones al drama vasco, a la violación sistemática de los derechos de la izquierda abertzale, a la situación de los presos comenzando por el propio Otegui. La farsa de la protesta contra la sentencia del Estatut, leída exclusivamente en la secuencia causal que ve la victoria de CiU como la salida lógica a la crisis institucional, impide tomarse en serio el derecho a decidir. La farsa de la independencia para mañana mismo, como un Estado de derecho, democrático y social, integrado en la UE, encubre el sectarismo independentista, la fragmentación y pérdida del voto que ha abierto las puertas a CiU. La farsa del regreso al poder de la derecha catalanista y su resurreción (mediáticamente inducida) como el partido bisagra que blindará la gobernanza neoliberal de los próximos años (gobierne con el PSOE o el PP), impide que se explicite el drama de un modelo territorial por cerrar, de un federalismo por construir y de una nueva estructura de la soberanía abortada antes de nacer. La farsa de la restructuración del gobierno encubre hasta lo inimaginable el drama de la claudicación a los mercados de Zapatero y el conjunto de los socialistas. La farsa, dejémoslo aquí, de la refundación de la izquierda, apenas alcanza a encubrir la inoperancia pseudohegemonista del PCE, el oportunismo medioambientalista de Equo, el sectarismo trosklodita de Izquierda Anticapitalista y el regusto por la anomia de buena parte de la Autonomía.

Así las cosas, parece que va siendo hora de empezar a tomarse las cosas en serio y reconocer los dramas cotidianos que nos rodean; en toda su complejidad, asimetría y dificultad. De lo contrario, las serias advertencias electorales de la extrema derecha en Catalunya, la corrupción política por doquier o el populismo ideológico televisivo y neocon tal vez se conviertan en las farsas de una izquierda que volvió a tropezar en sus mismas piedras.

dimarts, de gener 04, 2011

[ cat ] Nou Govern, nou estil

Què hi ha al darrere el projecte de la dreta catalanista?

Publicat al diari Público, 29.12.2010, pàg. 5 (Opinió)



Els primers dies de formació d'un Govern, especialment quan es produeix l'alternança en el poder, són com un tret de sortida que marca el que serà la resta de la legislatura. Durant els processos d'investidura i presa de possessió, el president i el seu executiu realitzen tot un seguit de declaracions amb les quals emmarquen el que haurà de ser la seva acció de govern per la legislatura que comença. Amb l'arribada d'Artur Mas al poder, s'han posat de relleu els fonaments del que seran els anys vinents. En tot cas, queda per veure'n la fermesa i si finalment es consoliden.

La primera de les consideracions que cal realitzar sobre aquest Govern és que serà un executiu de dreta catalanista i no catalanista de dreta. Aquesta no és una distinció sofísitica o gratuita, sinó la manera com es veurà la política i es definirà, en conseqüència, l'agenda pública dels propers anys. El marc interpretatiu ha quedat molt clar: “(…) si coneixem una mica la història de Catalunya ens adonarem que la construcció nacional del nostre país no és una feina per a impacients”.

En línia amb les “rebaixes sobiranistes” d'aspirar a un pacte fiscal (i no a un concert econòmic, ni encara menys a un Estat sobirà), de deixar de banda qualsevol referèndum per fer efectiu el dret a decidir o d'anar fent amb el que queda de l'Estatut, Artur Mas té clar que l'Estat de les autonomies encara és l'arena política en la qual vol jugar els pròxims quatre anys. Enrere queda qualsevol gest de complicitat a l'independentisme i per davant el pragmatisme d'aspirar a ser de nou el “partit frontissa” de la política espanyola, tal com va passar durant els anys noranta amb els successius suports de CiU als Governs González i Aznar. Queda per veure si amb això n'hi ha prou davant la jurisprudència constitucional dels últims temps (retallada de l'Estatut, sentències contra la immersió lingüística, etc.). Esgotat l'Estat de les Autonomies el marge d'acció en aquest sentit és decreixent. Confiar a les polítiques neoliberals la sortida de la crisi tampoc és allò que es diu tenir un as a la màniga.

En segon lloc, la primacia de la dreta sobre el catalanisme s'observa en una altra de les línies discursives destacades del nou Govern, és a dir, aquella que queda definida pel marc interpretatiu: "el Govern dels millors". És sabut que en la Grècia antiga la política es veia travessada per una tensió permanent entre el govern aristocràtic o “dels millors” (els  que eren dipositaris d’una forma de superioritat política o areté politiké) i el govern de la ciutadania o del demos. El govern d'Artur Mas sembla disposat a reeditar aquesta tensió en una versió actualitzada a la Catalunya postmoderna.

D'aquesta manera, en lloc de empoderar i afavorir a la ciutadania per mitjà de polítiques de participació ciutadana, de reforçament dels drets davant eventuals abusos d'autoritat o de superar les desigualtats de gènere, el nou Govern aposta pel discurs de l'elitisme, la supressió de les càmeres de les comissaries o l'eliminació d'aquells àmbits governamentals lligats a la participació, el gènere i altres dimensions constitutives d'una democràcia de qualitat. Ens trobem, doncs, davant un govern més aviat afí a les tesis “miniarquistes” del neoliberalisme dur (govern el més reduit possible i limitat estrictament a asegurar l’ordre social); o, si es prefereix, davant de l’aristocratització de la política.

La tercera i última de les consideracions que s'apunten estaria lligada a l'anterior i es refereix al tracte amistós entre el govern “aristocràtic” i el món dels negocis, evidència que el discurs de l'excel lència sempre encobreix una política classista. És el que s'ha denominat business friendly. El govern de CiU no és, sociològicament, el Govern de la burgesia catalana, sinó el govern dels quadres més o menys subalterns de l'Estat al servei del món dels negocis. Tal com es demostra en la composició sociològica del grup parlamentari de CiU i, de manera semblant en el govern Mas, el projecte de la dreta catalanista no és el de gestors d’excel·lència en el món dels negocis, sinó més aviat el de funcionaris i alts càrrecs que defensen la conversió d’allò públic en negocis privats, que no és el mateix, encara que se li assembli.



dilluns, de desembre 20, 2010

[ cat ] Qui ens representa?


Article d'opinió publicat a Público, 18.12.2010, pàg. 5


Ja tenim nou Parlament. I ja podem saber, per tant, qui ens representa i quina és la composició sociològica dels qui ho fan. Una anàlisi ràpida de les dades pot ser ja ben il•lustrativa d'algunes claus polítiques interessants.

En primer lloc, des d’una perspectiva de gènere, s'observa que els homes encara predominen (59%) sobre les dones (41%). Aquesta dada no és massa rellevant (fins i tot és previsible). El que crida l'atenció, tantmateix, és una altra qüestió: el patriarcalisme que opera darrere la fragmentació del vot independentista. ERC amb un 70% i SI amb un 100% de diputats homes (més que la dreta), demostren que la crisi de la representació independentista l’estan pagant les dones. Només les llistes de PSC i Iniciativa-Verds s'han assegurat la paritat. D’aquesta manera, encara que hagin perdut escons, han salvat l’equilibri de gènere.

En segon lloc, pel que fa a la composició tècnica dels representants, cal destacar el pes aclaparador dels funcionaris de carrera (76%). Sens dubte, aquest fet resulta revelador de la mentalitat amb què s'aborda l'acció legislativa. Pensem per un moment tres exemples senzills lligats a l'actual conjuntura de crisi: la situació de l'assalariat amb contracte precari, la de l'autònom exposat a una fiscalitat excessiva o la de l'empresari que ha d'assumir riscos. Els diputats potser "representen" els seus interessos (queda per veure), però és clar que no són "representatius" del que és la societat.

En tercer lloc, per àmbits d'especialització predominen de manera notable les professions relacionades amb les administracions i serveis públics (un 67%). D'entre aquestes, destaquen per sobre la resta, els juristes (25%). Aquesta dada és una bona mostra d’un cert arcaisme, a saber: el pes d'un model de govern basat en una concepció en excés legalista, rígida i poc adequada als desafiaments de la governança actual. Explica, així mateix, que sovint es confiï només a l'estricta aprovació de lleis (i no de lleis aptes al disseny, a la implementació i a l'avaluació de polítiques públiques) l'èxit de l'actuació legislativa (com si la llei esdevingués realitat pel fet de ser aprovada). Un exemple senzill: aprovar una llei contra la violència de gènere pot ser una eina necessària, però confiar que la llei acabi per si mateixa amb el problema, és un error greu. Molt sovint els polítics mostren que encara són deutors d'aquesta visió ancorada en la primària concepció liberal del "llei i ordre".

L'endogàmia de l'estament polític

En quart lloc, i com a complement negatiu de tot l'anterior, ens trobem amb l'endogàmia de l'estament polític. El 70% dels diputats ocupen càrrecs electes en l'actualitat. El 84% té experiència en càrrecs públics. I si això últim no és dolent per si mateix (tot el contrari), allò primer, tanmateix, no deixa de ser preocupant en la seva relació amb altres variables. De la seva combinació amb el pes del funcionariat, per exemple, podem deduir-ne que la representació política passa, bàsicament, per assegurar-se primerament una seguretat laboral difícilment compatible amb la flexibilitat pròpia de la societat del risc. Des de l'òptica de la legitimitat democràtica no deixa de ser problemàtic que els que després demanen a la ciutadania sacrificis i flexibilitat siguin persones contractualment "blindades". El discurs sobre la “desafecció” ciutadana pren sota aquesta realitat un sentit preocupant.

En definitiva, la composició parlamentària demostra que el Parlament potser representi a la societat, però és de tot menys representatiu d'aquesta. Encara més, per la seva pròpia composició tècnica de classe no deixa de suscitar dubtes sobre les seves capacitats i competències a l'hora d'abordar els desafiaments d'un món en crisi i transformació. Més aviat sembla que el parlamentarisme estigui en crisi i l'estament polític progressivament allunyat de la societat. Si l'apotegma de Marx "l'ésser determina la consciència" es demostra cert tenim bons motius de preocupació.

dilluns, de novembre 29, 2010

[ cat ] Qualitat democràtica

Col·laboració pel quadern d'anàlisi post-electoral de Público, 29.11.2010


La política catalana de l’última legislatura s’ha vist marcada per una tensió que ha generat un important distanciament entre la ciutadania i les institucions del govern representatiu. D’una banda, la preocupació que ha acompanyat els escàndols de corrupció no ha parat de créixer, generant una desconfiança i escepticisme més grans. De l’altra, lluny d’acontentar-se amb el rol passiu de la democràcia representativa, la ciutadania ha protagonitzat processos autònoms de mobilització social sense precedents (consultes sobiranistes, 10J, vaga general, etc.). La ciutadania no és desafecta a la democràcia, sinó més aviat a una forma concreta d'ella i a les pràctiques corruptes que se'n deriven.

Parlar de desafecció com s’està fent, de fet, no és exacte ni just, i encara menys inocent. Com dirien els anglesos “no cal llençar el nadó juntament amb l'aigua del bany” (Don't throw the baby out with the bathwater). L’anomenada “desafecció” és, en realitat, desafecció a la corrupció, a un sistema de representació injust amb les minories, a un sistema electoral que transforma el vot a forces extraparlamentaries en vot als grans partits, a un sistema que obstaculitza la participació directa, el control democràtic del governant i el rendiment de comptes. Certament, en els últims anys hi pot haver hagut un lleu increment de la desafecció a la democràcia i això no deixa de ser preocupant. Però dient desafecció a tot no es fa altra cosa que amagar el problema real (la desafecció a la modalitat concreta de democràcia), i en fer això només es produeix més desafecció (aquesta sí a qualsevol forma de democràcia).

Davant dels arguments difusos i mistificadors de la retòrica de la desafecció, la demanda activa de participació ciutadana, en canvi, és un fet ben real i provat davant el qual cap governant no pot romandre indiferent. Potser pugui fallar amb les seves propostes (com en el cas, per exemple, del referèndum sobre la Diagonal). I és clar que s’ha de deixar de parlar exclussivament en termes de "representació de la participació" (que no en termes participatius) com fan sovint polítics. Però, en tot cas, el futur Govern no pot deixar que les coses continuïn com estan sense fer-se responsable directe de la pèrdua subsegüent de qualitat democràtica del règim polític.

La pròxima legislatura ha de prendre seriosament en consideració l'aprofundiment en els mecanismes participatius propis d’una democràcia avançada i de qualitat. Però sense entendre-ho com una declaració retòrica o una forma buida de continguts, i menys encara com una forma de legitimar l’acció de govern per mitjà de mecanismes plebiscitaris. Els vinents anys seran de protagonisme ciutadà, sí o sí. Al govern li correspondrà concretar la demanda social en formes participatives que donin poder a la ciutadania o sucumbir a les eleccions següents: aquest és avui el repte de la participació ciutadana.

dissabte, de novembre 27, 2010

[ cat ] Votem el que volem?

Article publicat al diari Público, 27.11.2010, pàg. 7

En una democràcia abstracta, cada vot hauria de valer el mateix i el seu còmput s’hauria de destinar a la candidatura escollida íntegrament. En les democràcies reals, però, això no passa. D'aquesta manera, per exemple, alguns districtes electorals pesen bastant més que altres (en funció de la població, posem per cas, els vots de les províncies amb menys habitants pesen més). Aquest fet és més o menys conegut i fa temps que té efectes sobre els resultats (l’anomenat vot útil).

El que ja no està tan clar és que el còmput electoral asigni a la candidatura escollida el valor individual del vot del ciutadà, és a dir, que un home/una dona suposin efectivament un mateix valor en el còmput que tradueix els vots en escons. I és que, en general, la ciutadania no està familiaritzada amb els efectes indirectes de la Llei de d’Hont. Ens trobem així que molts dels que creuen que voten una cosa, en realitat voten una altra diferent, quan no oposada. Vegem alguns exemples.

El prejudici més habitual és pensar que l'abstenció, especialment si és molt elevada, deslegitima el sistema electoral i, per tant, al sistema polític. Qui pensa això oblida que en algunes de les democràcies més antigues, participatives i consolidades, l'abstenció arriba a quotes insospitades sense que res hi passi (Suïssa en seria l’exemple). De la mateixa manera, passen per alt que ja hem viscut situacions de elevadíssim abstencionisme (per exemple, en el referèndum sobre la Constitució europea), sense que hagin tingut efectes sensibles sobre el sistema electoral, de partits o polític en el seu conjunt.

I la cosa és pitjor encara si l’abstencionista es pensa que això preocupa realment a l’estament polític, més enllà, esclar, d’haver de fer la inevitable penitència postelectoral. Com actor racional que és, el deputat només pensa en termes de vots vàlids, que és, al cap i a la fi, el que determina el repartiment efectiu de les cuotes de poder. La millor prova d’això la tenim, per cert, en el discurs sobre la desafecció: una retòrica que responsabilitza al ciutadà de no ser afecte al règim, en lloc de qüestionar-se si l’acció dels polítics ha estat correcta.

El segon exemple és també un cas bastant freqüent. Consisteix a pensar que votant a forces extraparlamentàries, més o menys radicals (p. ex., Des de Baix) o jocoses (p. ex., CORI), s'aconsegueix expressar un descontentament i, al mateix temps, provocar algun canvi o causar un mal al sistema. Un altra vegada, error, ja que per més descontentament que s'expressi aquest és socialment tan poc conegut com les candidatures que l’expressen i amb menys impacte, si cal, sobre el règim.

De fet, el vot a candidatures sense possibilitats electorals (a hores d'ara pràcticament totes les que no són al Parlament) és, en realitat, un vot vàlid i com a tal un vot que computa en el repartiment d’escons a favor (indirectament) dels grans partits per culpa de la llei de d'Hont. L’exemple independentista pot ser molt il•lustratiu: havent-hi més votants independentistes que mai podria donar-se la paradoxa que l'independentisme sumés menys escons que l'anterior legislatura per culpa de Laporta i Carretero.

Una cosa semblant succeeix amb el vot en blanc. Molts pensen que és l'única solució que els  queda davant del mal paper dels partits parlamentaris. De fet, els darrers anys el vot en blanc ha crescut de manera important. Qui així vota, oblida que el seu vot és també, com el vot a candidatures marginals, un vot vàlid que computarà a favor (indirectament) dels grans partits. 

Per contra, el vot nul és l’únic que afavoreix un vot de càstig sense perjudicar els petits partits, és a dir, el pluralisme parlamentari. Paradoxalment, el vot nul no és l’opció escollida per qui opta per la desfecció, el vot de protesta i el vot en blanc.

divendres, de novembre 19, 2010

[ cat ] El contracte electoral


Publicat pel diari Público, el 14.11.2010

Comença la campanya electoral. Com cada quatre anys (o menys), la ciutadania torna a tenir l'oportunitat de contractar el personal polític que la governarà la propera legislatura. Durant dues setmanes els partits cotitzaran en el mercat de valors (polítics) per aconseguir un màxim de beneficis (electorals). Aquest és el joc de la democràcia liberal: eleccions competitives en les que pràcticament tot s’hi val per aconseguir els preuats escons del Parlament.

D'acord amb les premisses liberals, el ciutadà és consumidor d'un nombre limitat d'ofertes electorals. El pluralisme liberal és sempre un pluralisme limitat, circumscrit a un nombre d'opcions factibles (les que disposen de recursos per presentar candidatures) i, més en concret, a un nombre realment reduït d'opcions amb possibilitats reals (només sis partits van obtenir representació).

Compromis amb un projecte

Així mateix, la democràcia liberal ofereix al ciutadà la possibilitat de triar sobre la base d'un contracte. El contracte liberal-democràtic adopta la forma del programa electoral, però comporta també d’un compromís amb uns valors comuns i amb la trajectòria dels representants. El contracte electoral es presenta abans de les eleccions i representa el compromís amb un projecte polític i una acció de govern entre electors i electes per al termini d'una legislatura.

En votar, en teoria votem a uns governants a qui confiem la realització d'un projecte polític (aquell descrit pel programa electoral) i ho fem conscients que aquesta realització s'haurà de fer en el marc de les circumstàncies que ens ofereixin els pròxims quatre anys. Això exigeix un marge de confiança en el representant, ja que no podem preveure el futur en què hi haurà d'actuar. La confiança, com és sabut, depèn de la fiabilitat, honestedat i altres variables del representant.

Com passa gairebé sempre amb el liberalisme, tot això sona bé, i si relament funcionés, segurament no hi hauria tanta ni tan justificada desconfiança ciutadana (la mal anomenada desafecció) cap als partits i el règim polític. La realitat, però, és ben diferent.

Fem un cop d'ull a com es presenta la situació a dia d'avui. Dels sis partits parlamentaris només tres (CiU, PP i ICV) tenen el programa electoral accessible a internet. Els altres tres (PSC, Esquerra i Ciutadans) encara no l'han penjat, si és que ho arriben a fer. No sembla que el programa sigui tan rellevant com hauria de ser. 

Però si ja és difícil fer-se amb el conjunt de l'oferta partidista, ho tenim encara més complicat si el que volem és fer una cosa més bàsica per confiar el nostre vot: avaluar l'acció de govern (o d'oposició) dels partits en la legislatura que ha finalitzat. En aquest cas, el ciutadà hauria de passar-se una bona estona fent surf a la web per poder trobar els programes de legislatures passades i, molt més encara, algun tipus d'avaluació sobre els resultats obtinguts.

En l'improbable cas que hi hagués algun tipus d'avaluació (ICV, per exemple, ha realitzat alguna cosa de semblant) el que es trobarà és més aviat un exercici propagandístic, escassament deliberatiu i poc o gens obert a la crítica i, sobretot, a un control efectiu del votant. A diferència del que passa en altres institucions (governs, televisions, etc.), els partits no tenen un "ombudsman" o síndic de greuges del votant. Des de la perspectiva ciutadana els partits són més aviat administracions opaques i poc donades a retre de comptes, unidireccionals i de discurs poc o gens reflexiu (propagandístiques).

Així doncs, els partits potser s’haurien de preocupar més dels seus mitjans organitzatius si volen vèncer la desconfiança de l'elector. La confiança es guanya amb transparència, retent comptes amb mitjans controlables per ambdues parts contractants (i no només pel partit). En cas contrari, demanar el vot serà més demanar xecs en blanc que no pas un mandat democràtic.


[ cat ] El rerefons de les paraules de campanya


Article publicat per Público, 19.11.2010

 En la societat de la informació, la ciutadania està saturada de missatges. Això suposa una reducció important de la qualitat del debat polític, ja que la infoesfera del ciutadà difícilment pot processar arguments complexos. Tot i que durant les campanyes electorals la llei s'assegura d'obrir un espai mediàtic per a la deliberació pública, el debat segueix estant molt per sota d'una democràcia de qualitat. Per això mateix, els especialistes en màrqueting s'afanyen a elaborar frases breus, efectives, clares, del major impacte possible.

Un bon lema hauria de ser una matriu més que un resum; un "paquet simbòlic" (simbolic package) que, en obrir-se, desplegués coherentment els continguts (programàtics, resultats de legislatura, etc.) que el partit vol transmetre. D’això la comunicació política en diu un marc interpretatiu (frame).

En aquesta campanya electoral per les autonòmiques, el PSC va començar el seu recorregut amb lemes a la defensiva i només en la campanya sembla haver recobrat el pols. Per una part el president-candidat s’afirmava primer en un exercici volitiu (Segueixo creient) mentre que el seu partit es conjurava contra el risc d'un canvi de govern (El canvi real) davant d’una alternativa de poder efectiva: CiU. Aquest enfocament no sembla, però, el més encertat, atès que cedeix la iniciativa a la competència i, en procedir així, acava qüestionant el propi perfil. En canvi, amb el lema de campanya (Garantia de progrés) les coses han millorat, tot i que encara ha quedat excessivament abstracte, aliè als èxits concrets del President i dependent en excés de la credibilitat del partit (que no del govern). Es tracta, però, d'un lema millorable que amaga els incentius que aporta ser qui governa.

El cas de CiU, per contra, demostra un doble encert. En precampanya es va posicionar correctament amb un lema (Comença el canvi) que comporta un doble moviment: d'una banda, el "canvi" fixa l'objectiu (marc de pronòstic); de l'altra, "comença" obre un horitzó de pugna pel poder (marc de motivació). I això només amb tres paraules! Ja en campanya l'emmarcament (framing) es consolida en base al principal element simbòlic del discurs polític català —el nom de la nació— i a la idea que res pot ser pitjor que el que vivim amb la crisi (Una Catalunya millor). En aquest cas, l'abstracció afavoreix l'ocultació de la impopularitat de mesures com les retallades i atrau al votant de centre descontent amb el Tripartit.

A ERC, trobem un error notable: una inversió de l'ordre que hauria estat més encertat. Així el lema de campanya (Gent valenta) hauria pogut permetre l’aliniament de marcs interpretatius amb les mobilitzacions catalanistes (PDD, consultes, 10J, etc), abans d’identificar la necessitat de decidir (Catalunya decideix) l’opció concreta de partit (Puigcercós 2010). En canvi la seqüència inversa dilueix la tensió i afavoreix el flux de vots cap a CiU en no presentar un mur de contenció (la independència) que, a sobre, sí exploten les candidatures de Carretero i Laporta.

La campanya del PP també inverteix l’ordre que hauria sigut més beneficios: al començar pel Solucions per als catalans i seguir per Solucions per a la crisi van deixar que el diagnòstic (la crisi) sigui posterior a la motivació. Iniciativa, per contra, va encertar en plantejar primer el marc de diagnòstic (Canvis que cal fer. Que ningú més farà) i obrir tot seguit el discurs a la motivació (Verd Esperança). Encara millor hauria estat deixar el “que ningú més farà” per afirmar el lideratge d’un candidat nou.

Ciutadans, en la seva línea habitual d’explotació del conflicte identitari, inicia bé la precampanya (Catalunya som tots) i afirma encertadament el perfil de partit anti-establishment (Rebélate), tot i que en el complicat miracle de convertir l'aigua (la desafecció) en vi (vots).