diumenge, de juny 12, 2011

[ es ] Fin del ciclo independentista: las CUP y las derivas tras el 15M


Nota: s'agraeix traducció al català

Hace un par de días, Roger Palà publicaba en su blog un Decàleg per a independentistes #indignats de más que recomendable lectura para quienes, desde el indepedentismo, quieran reflexionar de manera crítica e inteligente. En su post, el periodista del semanario Directa apuntaba buenas razones sobre las dificultades que el independentismo ha tenido para comprender y desarrollar sinergias con el 15M. Y la verdad es que la cosa no es para menos. 

La CUP de Barcelona y el 15M: el "¿Qué NO hacer?" de Lenin.

La procelosa relación entre las redes del activismo de la izquierda independentista y el 15M comenzó tan mal como que a la candidatura de la CUP de Barcelona, a la sazón el lugar de convergencia de indepedentistas, trotskistas y otras familias de la extrema izquierda clásica de la ciudad, la convocatoria de la manifestación del 15M les pilló a la misma hora, pero en distinto lugar, que su acto central de campaña. Mientras la política de partido llevaba a cabo una de sus prácticas institucionalizadas más habituales (la campaña electoral), el movimiento se desarrollaba de forma autónoma en las calles. Nada grave si uno es Esquerra o Iniciativa, partidos que por el momento no se han planteado en serio construir un interfaz representativo del movimiento. Pero sí (¡y cuánto!) para una plataforma electoral que se quiere de un municipalismo alternativo, portavoz del movimiento en las instituciones del gobierno representativo. Un error mayúsculo, sin paliativos, inexcusable. Pero sintomático.

En vano se nos haya intentado disculpar vía twitter algún amigo y flamante candidato con el argumento, tan prosaico como efímero, del esfuerzo que supone organizar un acto así. ¿Será que organizar el 15M no supuso esfuerzo? ¿Será que la prioridad son las elecciones en el caso de una candidatura que a priori sólo los más ilusos podían ver con opciones al concejal? Todo un síntoma este narcisismo que se quiere protagónico de la vida política en las reglas de la política de partido. La excusa no puede ser mejor como ejemplo (aunque peor como argumento) ya que procede de una persona que, al igual que Roger Palà, está bien alejada del cliché del militante de la izquierda independentista (algo que prueba la profundidad de la crisis estratégica indepedentista). Para quien quiera entender, este ejemplo ilustra hasta qué punto la izquierda independentista todavía opera, y muy, pero que muy mayoritariamente, en el paradigma organizativo del siglo pasado y, de forma más profunda y general, en una gramática política de la modernidad obsoleta por completo.

"Las" CUP versus "la" CUP de Barcelona: razones de una divergencia

La ausencia total de alineamiento discursivo (de framing) entre la izquierda independentista y la convocatoria de Democracia Real Ya!, viene a reflejar hasta qué punto, lejos de haber comprendido qué es lo que mueve las CUP como innovación política del municipalismo alternativo, buena parte de la militancia cupaire sigue aferrándose a su obsoleta gramática política sin querer aprovechar las lecciones que les está brindando la realidad. Todo sea dicho (para que luego no se nos acuse de algún tipo de fijación neurótica), la incapacidad de comprensión de la CUP de Barcelona respecto al 15M no ha alcanzado ni de lejos los extremos de los bandazos PCPE, como tampoco las infiltraciones oportunistas de los partidos o las jugadas, más patéticas todavía de algunos ciudadanos por el cambio de sus posiciones personales en el partido socialista. Si criticamos a la CUP es porque de algún modo se plantea las preguntas que otras organizaciones dan por respondidas (incorrectamente, claro) o ni se plantean.

Sea como sea, la CUP de Barcelona (lo hemos dicho hasta la saciedad) no es, ni puede ser, una candidatura más de las CUP, con todos los errores y limitaciones que puedan tener las CUP de los núcleos de población con dimensiones aptas para su política participativa. La cuestión de las dimensiones de la polis, sigue siendo, a día de hoy, absolutamente decisiva y así lo demuestra la más que acertada descentralización a los barrios del 15M. El centro de poder es historia y las redes ya no son el futuro: son un presente en el que se está, de acuerdo a las reglas de su propia constitución material, o se pierde. No es una opción; es la manera en que se definen en nuestros días las condiciones de posibilidad.

Insistamos todavía una vez más: ni por sus condiciones sociológicas, metropolitanas e institucionales es la de Barcelona una CUP como las demás. Pretender que se puede organizar una CUP en la ciudad de Barcelona sin desvirtuar la naturaleza del proyecto es, sencillamente, negarse a reconocer la propia realidad de las CUP o estar en otra jugada muy distinta a la que mueve a las propias CUP (la del golpismo de inspiración blanquista). Hora va siendo que la CUP de Barcelona se replanteen su modelo de cconstrucción organizativa por agregación grupuscular, su táctica del juego de la representación de la participación y su estructura centrípeta. El análisis postelectoral, con el 15M de frente, no debería ofrecer dudas respecto a por dónde va el municipalismo alternativo en Barcelona.


La CUP barcelonina, digámoslo bien claro, se ha organizado sobre unos fundamentos completamente erróneos, más cercanos a la lógica del consensualismo falaz de la agregación leninista en los márgenes sectarios del espacio metropolitano que a la articulación de un auténtico proyecto participativo. En su proyecto se sigue confundiendo, fundamentalmente, la "representación de la participación" con una política realmente participativa. Y es que no es lo mismo decir que se uno quiere participativo ante los medios y en el marco del juego representativo electoral(ista), que serlo en la realidad de los barrios, modestamente, frente a la dura realidad de ser cuatro gatos (al menos antes de l15M). Mientras no se entienda esto, todo lo demás puede ser un fantástico grupo de militantes con muchas ganas de hacer cosas, un programa de socialdemocracia dura (nada más) y un universo estético de consumo propio, pero absolutamente fuera del terreno de juego político.

El fracaso sin paliativos de la estrategia independentista

Pero el fracaso de la CUP de Barcelona no es sólo un fracaso de la CUP de Barcelona, lo es de toda una estrategia independentista más en general. De hecho, comparativamente, las CUP (de fuera de Barcelona) son el único sector independentista que no ha salido malparado de las elecciones. Si nos centramos en la CUP de Barcelona no es por ninguna fobia o fijación, sino porque en su contradicción habita la solución del problema. Parafraseando a Ulrike Meinhof: "la CUP de Barcelona es el problema, pero también parte de su solución". 


En efecto, durante los últimos años hemos asistido a un impresionante ciclo de movilizaciones catalanista. Desde las manifestaciones de la Plataforma por el Derecho a Decidir hasta el 10J, pasando por las consultas soberanistas, las convocatorias alcanzaron un grado de movilización como nunca se recuerda. En las encuestas de opinión el independentismo salió de la marginalidad para convertirse en una opción respetable en ambientes que sociológicamente siempre habían sido renuentes a la radicalidad de la opción secesionista. En otros tiempos la cosa se habría podido liquidar con un expeditivo "se aburguesó". Pero hoy todo es más complejo. Claro que la cosa no es para menos (o para más), habida cuenta de lo bien que le ha ido a amplios sectores del catalanismo con el Estado de las Autonomías (incluidas ciertas élites independentistas mal que bien integradas al establishment del régimen político español).


Así las cosas, pocos meses antes de las elecciones todo apuntaba a que el independentismo estaba llamado a recoger grandes éxitos en las urnas (no de otro modo se comprendería el espectáculo dado en los medios por los notables independentistas y sus partidillos, jugando al juego imposible la coalición como jugada maestra). Los resultados de la ola de movilizaciones catalanista, sin embargo, no pueden ser más adversos a la estrategia independentista mayoritaria: el centripetismo estatal se refuerza con una CiU entregada al PP tras la sentencia ultra del Tribunal Constitucional, el conservadurismo neoliberal cobra una fuerza extraordinaria, el españolismo neofascista irrumpe en muchas ciudades (PxC deja en nada a Ciutadans), las redes activistas están agotada, frustradas y sin perspectivas políticas; entregadas a las pasiones tristes. Las consultas, por su pregunta (ideológica, sesgada, inviable) que no por la autonomía que las movió, dejaron bien claro que la estrategia independentista sólo es política de la impotencia: movilización para hoy, CiU para mañana. En anteriores artículos fuimos advirtiendo, aunque con poca o nula fortuna, sobre lo que sucedería si se persistía en una estrategia fundada en la gramática política de la modernidad. Hoy nos duele decir que lo habíamos advertido, pero más nos dolerá saber que ni siquiera se plateó admitir el error.


Las críticas que hemos recibido (las constructivas, razonadas e inteligentes, se entiende; que de insultos y agresiones también hemos sabido) siempre han apuntado en una misma dirección: a la carencia de una praxis real que contrastar a la vieja y conocida gramática moderna (y más particularmente a su pobre conjugación neoleninista al uso en las organizaciones de partido). Pues bien, el 15M está brindando la oportunidad de contrastar dos praxis alternativas en el terreno empírico. Ya no vale la vieja excusa de "al menos tenemos un modelo que ha funcionado históricamente". Dejemos la Historia en su sitio. 

A un lado, la praxis fundada en la gramática política moderna, cuya lectura no deja lugar a dudas: el catalanismo conservador y partidario del Estado autonómico consigue no sólo arrastrar hacia las posiciones políticas de CiU a Esquerra, Solidaritat y otros (entre ellos a algunas pequeñas CUP, con las contradicciones subsiguientes y costes a medio plazo), sino que consigue que, a pesar de disponer del estado de opinión más favorable en su historia, el independentismo coseche sus peores resultados (cuando no directamente, si correlativamente respecto al punto de partida). Entregadas a los juegos de notables y partidos, ajenas por completo a la política de movimiento, las redes independentistas dieron un triste espectáculo de codicia, narcisismo y elitismo clasista, difícilmente digerible por la multitud (incluso desde las retóricas leninistas recicladas en programáticas socialdemócratas, a la manera de la CUP de Barcelona, o social-liberales entregadas a la competición neoliberal con CiU a la manera de Esquerra). La convicción de que con la vieja gramática sería posible obtener grandes réditos electorales es hoy un fracaso sin paliativos. Persistir en ella, un error digno del doctrinarismo más absurdo. Y aún así, cosas más sorprendentes se han visto (vaya esto ya como pronóstico de lo que queda por venir).


Al otro lado, nos encontramos el éxito de las CUP (excepto la CUP de Barcelona). Se trata de una constelación de candidaturas entre las que hay de todo: mucha desorientación, una tremenda carencia de formación política, notorísimos errores, excesos identitarios y, a pesar de todo ello, ¡aciertos! Lo que ha multiplicado las CUP, su número de concejales y sus logros no ha sido la gramática de sus aspirantes a dirección política de vanguardia (bajo la forma impolítica, degradada y oportunista del objetivo de conseguir un diputado autonómico). Al contrario, las CUP, como hemos dicho en muchas ocasiones, son las CUP a pesar de las CUP. Su acierto radica (cuando aciertan y cuando fallan para aprender a acertar) en su capacidad para hacer política de movimiento, para subordinar notables y partidos a una lógica de radicalización democrática en la que el cuerpo social no es sometido a instancias de mediación, sino que opera por medio de la CUP como un interfaz con el que intervenir, transversalmente, desde la autonomía social, en las instituciones del Estado, cortocircuitando el mando y fortaleciendo la cooperación federativa con aquellas singularidades antagonistas que les rodean. ¡Por aquí va la solución!


Y en esto llegó... el 15M


Tras haber intentado construir hegemonías en el seno del catalanismo renunciando a las más elementales muestras de decencia política en lo que a contenidos ideológicos de izquierda se refiere (¿nos hemos olvidado del MdT pactando con Laporta?), los partidarios de la estrategia modernista estaban bajo estado de shock. Tras la huelga general y las autonómicas el escenario era de una desorientación difícilmente superable. La tentativa de organizar una huelga general a la catalana, sin un sindicalismo nacionalista mínimamente relevante como el gallego o el vasco, la vuelta a la caverna del militantismo izquierdista no era precisamente un plato fácil. 

Claro que más difícil parece ser el cambiar de chip. O al menos esto es lo que ha venido a poner sobre la mesa el 15M: instalados en el púlpito de la historia, los resultados esperables de las municipales, con el previsible éxito de las CUP, darían a los "dirigentes" (es un decir, ya que por suerte dirigen más bien poco) el respiro necesario para convencer(se) de que estaban en la vía del éxito. Los resultados, sin embargo, demostraron una vez más lo que era de esperar: la ley de d'Hondt no está ahí por nada; la CUP de Barcelona, apuesta fallida de las dirigencias leninistas, sólo sirvió para aupar a CiU, hundir a Esquerra (la venganza personal y el resentimiento de algunos históricos como único motor de su política) y facilitar al PP la clave del poder (ya se sabe, para el leninista: "cuanto peor, mejor"). 

Cierto es que el éxito de las otras CUP es una de las pocas buenas (excelentes) noticias en el desolador panorama político postelectoral. Sin embargo, mal harían las CUP si creyeran que sus logros son desligables de otros fenomenos municipalistas (así las CAV, por ejemplo). Las CUP no son EL fenómeno, sino UNA expresión del fenómeno: el municipalismo alternativo.


"¿Y qué tiene que ver la situación de las CUP con el 15M?", me preguntaron el otro día. "Todo", respondí. Lo sorprendente precisamente es el nivel de autismo político con que las redes independentistas están observando las movilizaciones nacidas al calor del 15M. Sólo en estos últimos días, cuando el progreso del ciclo ha conseguido ya derrotar a los mossos y plantearse el bloqueo del Parlament (cosa que ni en las más aguerrida de las fantasías borrokas de algunos podría llegar a suceder), sólo ahora aparecen las primeras reflexiones pidiendo un cambio de línea. ¡A buenas horas!

El debate sobre la autodeterminación en la Asamblea de Plaça de Catalunya


Todavía está por aclarar del todo qué es lo que ha sucedido en el terreno de lo concreto (entre otras cosas esperpentos como la alocución en el ágora de un neoliberal como López Tena: ¡el enemigo en casa! Así de grande es la democracia de la multitud...), pero a juzgar por lo que explican fuentes bien informadas, el problema del debate sobre la autodeterminación comenzó con el mismo mal pie que el 15M. Al parecer saltándose a la torera la asamblea y generando una comisión tan en paralelo que hasta se reunía durante los plenarios de la asamblea. Los problemas de procedimentalidad, una vez más, son los problemas de la estrategia.

Para variar los obsoletos tacticismos de ciertas redes independentistas hicieron el peor daño a su causa, intentando hacer pasar por conflictivo un debate que no lo era para nadie más que para ellos. Demasiado atentos a las agitaciones derechistas de algunos medios soberanistas (los mismos que tanto han alimentado los narcisismos que han sabido poner a CiU y al independentismo en sus lugares actuales), demasiado pendientes de los delirios identitarios sobre los ataques sacrílegos al monumento a Macià (como si éste, de haber vivido para verlo, se hubiese opuesto al triunfo democrático del 15M) o demasiado cegados por la paranoia etnicista sobre los derechos lingüísticos (seguro que no falta quien esté leyendo estas líneas acusando a su autor de escribirlas en castellano para la mejor evidencia de lo que aquí se argumenta), las redes independentistas han estado un par de semanas dando la nota de la peor de las maneras: la más antidemocrática, la más irreflexiva, la más identitaria. Ello no invalida el buen trabajo que sin duda han realizado muchos activistas en muchos frentes durante mucho tiempo, pero tampoco ésto último (a menudo el argumento contrapuesto a su ausencia en el 15M) justifica el esperpento exhibido.


Y todo ello, para colmo de males, por una incapacidad profunda de aprender de los propios logros (¡que no los ajenos!). De hecho, a poco que se quiera aprender, hay formidables lecciones de democratización para no dejar pasar. En primer lugar, la ya mencionada del municipalismo alternativo. En segundo lugar, más importante si cabe para comprender la incapacidad de intervención en el 15M, es el cambio de paradigma teórico que comportaba el paso del discurso sobre la autodeterminación al discurso sobre el derecho a decidir.


En efecto, para muchos independentistas esto del "derecho a decidir" ha sido un puro gesto táctico, una manera de conseguir apoyos en un momento de aislamiento; oxígeno político. El problema, sin embargo, es precisamente ése: que se trata de un gesto; esto es, de lo que pone en marcha el movimiento, justo todo lo opuesto a su viejo mantra de la autodeterminación. El marco interpretativo que se sintetiza en el derecho a decidir fue absolutamente determinante para lanzar el ciclo y la razón de ello es tan sencilla como que desplazaba la gramática política de modelo etnicista wilsoniano enmarcado por la prédica autodeterminista hacia la desobediencia al mando imperial, hacia la vindicación de la igual dignidad de nacimiento, hacia el horizonte de la democratización que hace posible la política de movimiento. Los desiempre, en lo de siempre, no han entendido nada.

Allí donde antes de la PDD habían campado por sus respetos notables y partidos, el derecho a decidir enmarcaba el éxito de la desobediencia al españolismo rampante que rodeaba el proceso estatutario. Incluso las consultas, en todos los déficits imaginables que comportaba la pregunta (evidencia de la resurrección de la reacción identitaria en el seno del independentismo frente a la innovación discursiva de la PDD), suponían un progreso repertorial que desbordaba la vieja gramática política. Así las cosas, no es de sorprender que superado el cénit de la ola de movilizaciones catalanista, el independentismo se haya replegado a sus viejas cavernas ideológicas del ser un pueblo, una lengua, una historia, un territorio...


El delirio del debate en la plaza sobre la autodeterminación, en el que se dramatizaron victimismos paranoides hasta el extremo, fruto de las pasiones tristes que caracterizan las fases a la baja de las olas de movilizaciones (nos referimos a la independentista, claro), lo único que hemos visto de momento ha sido incapacidad política para asumir la mutación en la matriz independentista que, para colmo de paradojas, la sociedad catalana ha asumido con la mayor de las celeridades. Entre los asistentes a la plaza, el debate pilló por sorpresa, como si alguien hubiese pedido resucitar temas absolutamente desfasados. Alguien me comentó en aquel contexto: "sólo nos faltaría que ahora apareciese Amnistía Internacional diciendo que no queremos discutir la abolición de la pena de muerte". 

El ejemplo es fenomenal: ¿de dónde ese victimismo? ¿de donde ese comportamiento autocrático por discutir lo evidente? Si la plaza es el demos (que no el pueblo imaginario de la nación étnica) y el demos ha decidido que cualquier cuestión importante se ha de votar en referendum ¿de dónde esa obstinación proterva por querer que la asamblea recoja punto por punto, letra por letra la propia posición (cuando además se ha estado operando en paralelo a la procedimentalidad asamblearia)? ¿Acaso no coinciden pueblo y demos? Por aquí parece que van las claves realmente importantes.


Otro activista implicado en el funcionamiento de las asambleas comentaba en su facebook que en el 15M (por la estructura reticular que sostiene organizativamente el proceso) cada cual piensa que su enemigo es quien controla el movimiento. Parece claro que si la verticalidad del mando moderno produce esquizofrenia, la horitzontalidad de la red produce paranoia. Y este es precisamente el problema, ya que de la paranoia de las redes independentistas están naciendo en las asambleas propuestas que naturalizan unas reformas electorales absolutamente delirantes.


Un problema de teoría política


El problema de fondo, como hemos señalado, es la ausencia de un cambio efectivo de gramática política en el momento óptimo para su realización (en la fase álgida de la ola de movilizaciones). Este cambio pasa por comprender que el "derecho de autodeterminación" (en realidad el derecho a decidir) ya era un hecho en las asambleas, que el cuerpo social que se determinaba no podía nombrarse sin falsificarse, que la propia procedimentalidad de la asamblea (punto 7 citando que cualquier decisión relevante deberá ser votada en referendum) situaba al independentismo ante sus propias aporías (¿acaso no sería relevante la independencia?). 

La pretensión de hacer hablar a la multitud el lenguaje etnonacional (el del monolingüismo, el de los símbolos catalanistas, el de la autorreferencialidad...) no podía, ni puede ser sino la vana tentativa populista por convertir una nación de la multitud en un pueblo del Estado (Volk), esto es, una instancia de legitimación del demos (la igual dignidad de nacimiento) en un cuerpo social subordinado a un mando disociado del propio cuerpo y ejerciendo sobre él un poder ilegítimo (el de los partidos leninistas que creen dirigir el independentismo). En definitiva, el problema del 15M para el independentismo sigue siendo el mismo que hace décadas: asumir una matriz normativa autónoma en la que una nación sin Estado no tiene porque conseguir uno para ser libre, sino luchar por su propia emancipación; una matriz en la que una nación de la multitud no es reductible al pueblo de un Estado, en la que lo étnico es historia y lo múltiple una realidad presente.


No es casual que el programa de la CUP de Barcelona partiese de una concepción completamente etnonacionalista del país. Tampoco lo es que todavía no se haya planteado su disolución y su suma a las fuerzas de la democracia municipalista que hoy se construyen autónomamente en los barrios. A buen seguro hay quien cree que los votos conseguidos, a pesar de su enorme distancia de la posibilidad de obtener representación, son un dato para la esperanza. En esto se comparte la capacidad trotskista para el autoengaño de Izquierda Anticapitalista. Algo se debe haber contagiado con tanta agregación de grupúsculos sectarios de común inspiración y gramática leninista. 

La hora en que escribimos, sin embargo, es la del horizonte post-independentista que nace en las ágoras. Seguir aferrados a un paradigma etnonacional en una sociedad multicultural, seguir apegados al fetiche de un mando fundado en un Estado propio en tiempos de soberanía imperial, seguir esperando un referendum sobre la independencia sin salirse de la UE, no sólo es estar fuera del siglo XXI, también es persistir en el victimismo, en la obcecación autocrática por querer ser "hombres de Estado" (con toda la connotación patriarcal que comporta). O se entiende y se ayuda a catalizar el proceso iniciado por el 15M o al final serán IU, pero sobre todo la UPyD, quienes rentabilicen el contramovimiento: ¿más éxitos que sumar a la ya triste contribución a la victoria de CiU y su dependencia de PP?

dissabte, de juny 11, 2011

[ es ] [ NEM 5 ] Democracia, SL versus Democracia absoluta

En la tarde/noche del miércoes, un grupo de manifestantes procedentes de Sol, protagonizaron una acción en las inmediaciones del Congreso. A la noche siguiente volvió a repetirse. Antes de ayer, en València y Compostela, la policía cargó contra quienes se manifestaban ante Les Corts y ante la sede del gobierno autonómico gallego. Otro tanto sucedió anoche en Salamanca. Hoy han tenido lugar las acciones de protesta y bloqueo ante la constitución de las instituciones del gobierno local votadas el 22M. Para el 14 y 15J está igualmente previsto en Barcelona bloquear de manera pacífica, aunque desobediente, el debate del Parlament sobre los recortes. Como colofón, el 19J se ha convocado una jornada de movilización general en todo el Estado.

Manuel Fontdevila en Público

Parece claro, a la vista de los destinatarios de las movilizaciones, que el ciclo que arranca con fuerza el 15M se vuelve a constituir en abierta ruptura con la declinación liberal de la democracia. A la fase agonística sobre el futuro de las plazas está siguiendo una nueva fase que, por una parte, descentraliza y territorializa en los barrios y, por otra, aumenta la tensión antagonista con el mando en un aprendizaje existoso de gestión de la violencia. Parece que de momento la la maquinaria de Medusa guía con acierto el enjambre de la multitud.

El movimiento entra en una nueva fase del ciclo

Contra todo pronóstico, como suele suceder en las fases alcistas de los ciclos/olas de movilizaciones, el movimiento ha sorprendido a propios y extraños (a estos últimos algo más, claro está) con su hábil gestión del conflicto (la desobediencia a la Junta Electoral en Madrid y la reocupación de Plaça de Catalunya dan buena cuenta de lo que decimos). En las convocatorias previstas para los próximos días, los momentos de fuerte debate en las plazas (momentos agonísticos, de confrontación de ideas y estrategias) vendrán a combinarse nuevamente con momentos de contienda desobediente (momentos antagonistas, de enfrentamiento con el mando); y ello en una dinámica virtuosa que genera cada vez más movilización social. 

Este éxito movilizador es tanto más sorprendente por cuanto que, lejos de aspirar a presionar a las autoridades políticas sobre un aspecto concreto (un problema social, una infraestructura, etc.) promueve una ruptura constituyente, esto es, un desafío al orden político vigente. Memes o frames como los que canalizan consignas como "¡democracia real ya!", "¡que no nos representan!" y muchos otros, no operan (sólo) en la lógica de pedir un cambio de orientación al gobierno, sino que tienen un carácter destituyente, que apunta directamente al régimen político y a su establishment. Y es que lo que está en liza no son dos orientaciones (hacia la "izquierda" o hacia la "derecha"), sino dos modelos alternativos de democracia: el modelo de la "democracia limitada" (Democracia, S.L.) y el de la democracia "real" o democracia absoluta. La primera sólo para los de arriba, la segunda para todos, sin arriba ni abajo.

¿Qué es la "democracia, S.L."?

La democracia liberal es una democracia basada en la limitación inherente al juego delegativo-representativo. Por eso la hemos denominado aquí, irónicamente, Democracia S.L. (Sociedad Limitada). Evocamos con ello la idea de que la limitación liberal es, al mismo tiempo, una limitación excluyente para parte del cuerpo social. La parte excluida es sometida a una relación de dominación mediante una representación del significante PUEBLO igualada a la totalidad del cuerpo social, pero que no es sino la representación de un sujeto ordenado por el mando al servicio de la minoría.

Democracia S.L. es una democracia efectiva para un grupo social, nula para el resto; "real", en definitiva, sólo para una parte privilegiada del cuerpo social. Y esto con independencia de si el resto del cuerpo social dispone de ciudadanía o no. Después de todo, las exclusiones de carácter económico, cultural, de género, y cuantas se operan y derivan en el marco de las sociedades liberales, no son únicamente exclusiones coincidentes con la exclusión de la condición ciudadana, sino con el ejercicio efectivo del derecho de ciudad.

No podría ser de otro modo tratándose del significante DEMOCRACIA. Desde sus orígenes atenienses, la democracia se ha constituido sobre una contradicción entre sus fundamentos normativos y el cuerpo social al que se le aplica: por una parte, la norma proclama la igualdad de palabra (isegoría) y el igual trato ante la ley (isonomía) sin los cuales no sería posible la deliberación agonística; por otra, la definición del demos se ha constituido como un campo abierto al antagonismo en el que la democracia, por ser considerada un bien, acaba siendo apropiada por un determinado grupo social autoproclamado PUEBLO, que excluye a todos los demás.

La democracia liberal lleva inscrita en su matriz la lógica de la lectura excluyente (elitista) y únicamente las diferentes escisiones constituyentes provocadas por la política de movimiento la han obligado a la inclusión. La democracia liberal tiene querencia por la exclusión en general, y por la exclusión fundada en la riqueza, más en particular. Dicho de otro modo: para que alguien pueda ser representado, tiene que poder pagárselo; si sus recursos no alcanzan, los dispositivos de la representación (la ley electoral, pero no sólo) simplemente ocultarán su existencia. De esta suerte, una minoría puede llegar a articular mayorías sin necesidad de evitar pasar por las urnas.


El voto realmente emitido

No por nada la democracia liberal únicamente ha progresado en la misma medida en que ha habido rupturas desobedientes de lxs excluidxs (movimiento): primero de los varones adultos sin alfabetizar ni recursos económicos (el fin de la democracia dicha "censitaria"), más adelante mujeres, negros, minorías nacionales... La democracia S.L. siempre ha operado sobre la base de la exclusión de una infinidad de minorías que, juntas, resultaban ser una gran mayoría; un sujeto no ordenado, ni uniforme, un cuerpo social complejo y compuesto de infinidad de singularidades; una multitud.

La explicación de esto nos remite a un problema teórico de envergadura: el pluralismo liberal que informa el gobierno representativo es óntico y no ontológico. En la Democracia S.L. quien no dispone de recursos no sólo no es representado; es que tampoco es representable. Y quien no es representable bajo el gobierno que se dice "representativo" (nótese hasta que punto esta representación fundada en la invisibilización de lxs excluidxs ha dejado de ser "representativa"), sencillamente, deja de existir. Por eso, la Democracia S.L. siempre se sorprende, como Maria Antonietta, ante la irrupción de la multitud hambrienta y piensa que si no tienen pan, siempre pueden comer pastelitos. Por eso las subjetividades de la emancipación han sido y son invisibles a los ojos del paradigma liberal. Porque la democracia liberal (la democracia S.L.) se funda en la exclusión como apriori, no como elección

Excursus sobre una democracia a la que dicen inclusiva

Antes de proseguir nos gustaría realizar una puntualización sobre el modelo de democracia que bajo el apellido "inclusiva" se suele presentar como una alternativa viable frente a la democracia liberal. Sin ánimo de entrar a fondo en lo que deberá ser un debate mucho más riguroso, resulta preciso, no obstante, adelantar algunas ideas para comprender el resto de este post. En los últimos tiempos, ha tenido un éxito relativo entre nosotrxs una orientación política que, frente a la exclusión liberal contrapone un modelo de democracia alternativo al que se denomina "democracia inclusiva". Sin duda el concepto es tentador como alternativa al liberalismo y basta con ver el efecto positivo que ha tenido para producir una reflexión sobre el significado de democracia, para que nos congratulemos.
 
Con todo, el enfoque de la democracia inclusiva adolece de graves déficits normativos y empíricos. El concepto fue definido originalmente por Takis Fotopoulos y desde sus primeros enunciados hasta la actualidad no ha salido del ámbito de una cierta filosofía de la moral, ajena por completo a la concepción contenciosa de la política (vale decir a la política emancipatoria en sí). 
 
Carente de una teoría de la agencia en la que poder inscribir la doble dinámica antagonista y agonística de la política del movimiento, la democracia inclusiva está condenada a operar únicamente en los márgenes simbólicos de la sociedad de la opulencia; tal y como ha venido haciendo desde hace tres lustros. En su formulación actual, además, la democracia inclusiva no podrá pasar de ser el emblema identitario de una generación necesitada de pensar la democracia, pero carente de la formación teórica suficiente para comprender los déficits teóricos inherentes al emblema que acogen como supuesto axiomático.

Y es que por sus propias premisas de partida, la democracia inclusiva no deja de ser una variante de moralismo "totalitario", ajeno a la comprensión de la exclusión como concepto consustancialmente democrático. Rindiendo culto al consenso, a la unidad y a la totalidad del cuerpo social en la decisión, erradica toda forma de pluralismo bajo la apariencia de una procedimentalidad democrática. Al contraponer a la complejidad y contradicción inherente del cuerpo social la autonomía del individuo se cierra el mismo círculo políticamente estéril en que ha vivido el anarquismo individualista desde Stirner.

Por si fuera poco, el hecho de formularse en el terreno de la filosofía moral hace que de la democracia inclusiva una propuesta empíricamente inviable en el terreno de lo político. Ante los déficits a los que está abocada su praxis, el pluralismo limitado de la democracia liberal siempre parecerá, en el medio plazo, menos dañino que las agotadora e impracticable procedimentalidad de un consensualismo basado en la autonomía individual. Después de todo, la antropología política del individualismo es común; la de la democracia inclusiva, subalterna de la liberal.

Sin ir más lejos, en estos días hemos visto a muchas asambleas incurriendo en este error al querer buscar consensos totales fundados en la denominada autonomía individual, sin darse cuenta de que la democracia no erradica los conflictos de intereses: sólo los hace gobernables. La puesta en marcha de la democracia inclusiva, de hecho, significaría el fin mismo del movimiento, el triunfo de la restauración liberal bajo una forma más sofisticada ("contrarrevolucionaria", al decir de Virno).

Por todo lo dicho, pensar la exclusión es un reto democrático fundamental. Lejos de la filosofía moral de quienes todavía pueden vivir en los márgenes de la opulencia o de los dispositivos del biopoder semiocapitalista, urge trasladar el debate sobre la democracia al terreno de la política contenciosa. De otro modo, o sucumbe en las pasiones tristes que se desarrollarán en la caída del ciclo de protesta o se traducirá en una renovación de las políticas de gestión (neo)liberal de la exclusión.

En el camino de la democracia absoluta
(notas provisorias para ir pensando el concepto)

El modelo liberal nos es a todxs conocido, ya que vivimos en un régimen político que, con mayor o menor éxito, opera de acuerdo con sus premisas. Más complicado de entender, sin embargo, es el modelo de la democracia absoluta. Nos referimos a esa democracia a la que se apela con el adjetivo "real", recordándonos el carácter "irreal" de la democracia liberal.

La democracia absoluta o "real" nace en abierta contraposición a la democracia limitada (la "realmente" existente) y sus (d)efectos sobre la vida pública (corrupción y abuso de poder, manipulación de la opinión, falta de rendimientos de cuentas, etc.). La imagen de lxs indignadxs a las puertas de Les Corts en València, mientras varios imputados entran a representar al "pueblo" y un integrista católico hace presidir la sesión bajo la cruz no pueden ser más ilustrativas al respecto.

Tampoco es casualidad que la mutación del repertorio de acción que inaugura las acampadas tuviese lugar en el marco de una campaña electoral, cuestionando las bases institucionales del propio funcionamiento del régimen con un ejercicio de desobediencia a la jornada de reflexión. La democracia que se empieza a instituir en estas ágoras improvisadas,auténticas zonas autónomas temporales interconectadas gracias a las redes sociales y operativas gracias al intelecto colectivo, es una democracia que podemos decir "absoluta"; una democracia que ni (re)conoce (A) los límites espaciales del Estado (por todo el mundo ha habido acampadas) ni (B) los temporales del mandato representativo (la limitación que hace de las legislaturas una especie de "microdictaduras" de 4 años).

La democracia absoluta reivindica una democracia sin mediaciones manipuladoras, participada directamente por el demos. Según avanza el movimiento esta democracia va cogiendo fuerza gracias a que se alimenta de una doble interacción: por un lado, en abierto conflicto político (y no únicamente moral) con la democracia liberal; por la otra, en un incesante deliberar, participar y decidir en la plaza. Esta es la doble dinámica que mueve este ciclo del 15M: las coyunturas de desobediencia civil que se combinan con los debates en las ágoras físicas (plazas) y virtuales (redes sociales).

Así, aunque la tensión es máxima en la represión inmediata de las acampadas, en seguida se decide cómo responder mediante asambleas multitudinarias. Si la Junta Electoral responde, en plena campaña, prohibiendo las acampadas, la respuesta aún aumenta la participación, propone alternativas y se afirma en la desobediencia. Si la jornada de reflexión se supone que las plazas ya deberían estar vacías, resulta que están a rebosar de gente reflexionando. Si, en fin, los mossos intentan "limpiar" Plaza de Cataluña, un enjambre de activistas recupera la plaza y prosigue sus asambleas más fuerte que nunca.

La razón para la incomprensión de cómo funciona la democracia absoluta es que este modelo funciona sobre unas bases distintas a las liberales, habitualmente desconocidas por una gran parte de la ciudadanía o, peor aún, distorsionadas por los grandes medios de comunicación bajo la etiqueta simplista y simplificadora de lo “antisistema”. En rigor, no es que se trate de modelos contrapuestos en el sentido de una negación dialéctica, sino que el segundo desborda las limitaciones sobre las que se articula el primero.

Así, frente al fraccionamiento temporal en “microdictaduras electivas” de cuatro años, la democracia absoluta se proyecta en un tiempo ilimitado. Frente al fraccionamiento espacial del Estado nacional y sus territorialidades derivadas supra o infra estatales, la democracia absoluta opera en un espacio global, ajeno a las fronteras del soberano moderno.

Esta modalidad de democracia alternativa a la liberal, podría decirse, no es únicamente una “democracia contenida”, acotada en su funcionamiento por la supervisión de (y la permanente tensión con) el poder soberano, sino que se afirma, antes bien, como una “democracia democratizadora” en el pleno despliegue de la procedimentalidad democrática, esto es, en el no reconocimiento de límites al interés particular o privado. No es de sorprender, por ello mismo, que algunos liberales hayan llegado a defender su modelo con la sentenciosa afirmación: “a veces hay que defender al liberalismo de la democracia”, reconociendo, con ello, que matricialmente ambas nociones (liberalismo y democracia) son únicamente compatibles en los márgenes de la tensión constitutiva de la democracia liberal: el gobierno del mercado.

No es para menos. La democracia, como sabemos desde Spinoza, es un procedimiento que se remite al plano de inmanencia, que se despliega en lo absoluto y que no se subordina a agencia monopolística alguna (comenzando por el moderno poder soberano del Estado nacional). Dicho con otras palabras, la democracia es el único tipo de régimen político que no necesita remitirse a una instancia exterior, trascendente, para fundar su propia legitimidad y procedimiento. Mientras que toda modalidad de gobierno autocrático (la no-democracia) se sustantiva sobre instancias de legitimación disociadas del procedimiento (Dios, Pueblo, Partido, etc.), la democracia nos remite al hecho político fundamental de constituir un cuerpo social (demos) con capacidad para constituirse en términos de un poder (cratos) compartido entre iguales (isegoría e isonomía), esto es, políticamente.

dimecres, de juny 08, 2011

[ cat ] [ NEM 3 ] Agonisme i antagonisme

[ nota: En aquests dies de tanta activitat resulta especialment difícil mantenir un ritme de traducció adequat. Vull agrair a Ricard Ribera i Arnau Mallol el seu esforç per traduir les meves paraules i fer que la meva veu també parli la llengua d'aquesta terra d'adopció des de la que escric ]

Agonisme i antagonisme

Traducció al català de Ricard Ribera

Després de l’èxit del divendres recuperant la plaça i la victòria del Barça aquesta nit, els interrogants dels últims dies tornen a dibuixar-se a l’horitzó immediat: I ara què? Com seguir? Com anar més enllà de les acampades un cop s’ha demostrat que només a la multitud correspon decidir quan i com s’organitza l’àgora? Com no deixar-se arrossegar per una deriva centrípeta, autorreferencial, de l’assemblea? Com seguir ampliant les bases socials implicades en el moviment? Com aconseguir que no col·lapsi per falta d’objectius (o per excés dels mateixos)?

En aquesta segona setmana el moviment ha demostrat saber imposar els seus ritmes, la seva agenda, reobrir la finestra d’oportunitat mediàtica de manera disruptiva, però encertant a un temps amb la gestió de la violència. Quina gran lliçó de política de moviment!

L’èxit al fer front a les càrregues policials del divendres i l’assoliment no menys important de protegir la plaça durant la celebració de la victòria del Barça, demostren que el moviment prossegueix imparable. Aquests encerts tàctics han permès obrir un marge d’acció estratègica que no s’hauria de desaprofitar. A aquestes alçades només des del sectarisme partidista, des de l’opinió malintencionada o des d’un pessimisme infundat d’arrels psicopàtiques pot qüestionar-se la capacitat de l’intel·lecte col·lectiu de la multitud per pensar, organitzar i portar a terme allò que es proposi.

D’allò legítim a allò polític

L’arrencada de tot cicle de mobilitzacions és sempre una pugna per la legitimitat. En aquest terreny ja hem superat la primera fase. I allò que és millor: ho hem fet assegurant-nos el següent triomf: instituir una procedimentalitat que generi legitimitat de forma autònoma.

Ens trobem, doncs, en un nivel radicalment diferent: ara, davant de la multitud és el comandament qui s’ha de justificar i no al revés. Després de l’error sense pal·liatius del divendres, el Conseller d’Interior està a la defensiva. Rubalcaba, més atent a no caure en la impopularitat que en altres coses, espera que Sol es dissolgui. En bona lògica amb l’estructura centralitzada del comandament, confia que amb això la resta de places segueixin el mateix exemple del “quilòmetre 0”.

Sigui com sigui, el més important és que el comandament està a la defensiva, se sent obligat a rendir comptes, fins i tot si és de forma fariseica, com no podria ser de cap altre manera en un context democràtic liberal. Del costat del moviment recau avui l’èxit absolut de qui reivindica democratitzar una democràcia incompleta (Tilly), una democràcia defectuosa (Merkel), una democràcia demediada (Fernández-Buey).

La lluita per la legitimitat, unida a la capacitat per marcar l’agenda i situar a l’esfera pública la qüestió democràtica és un èxit que suscita, tant mateix, altres qüestions sobre les que aviat els mitjans interrogaran al moviment: Quines propostes? Com implementar-les? Des de quins àmbits organitzatius? Per mitjà de quina interlocució? Els discursos que es llegeixen aquests dies a l’infoesfera més intel·ligent (aquella que escapa dels tòpics mediàtics) encara romanen massa foscos, massa aprop de la proclama i massa lluny d’una praxis cognitiva possible del moviment com per poder tirar endavant una estratègia d’èxit.
Ens sobra programa

La programàtica no és el problema del moviment. Per més que una infinitat de comissions i subcomissions s’embarquin ara en elaborar un autèntic programa de govern, el fe tés que aquest programa existeix i seria implementable sense masses dificultats, fins i tot de manera progressiva, sense necessitats del canvi immediat de sistema. N’hi hauria prou amb que l’antagonisme de les places i la proliferació de processos deliberatius es combinessin encertadament amb una estratègia antagonista que no perdés de vista l’origen desobedient de la política de moviment; val a dir, el seu caràcter constituent.

Sense problemes, doncs, amb la programàtica. Més encara, ja podem avançar que els dispositiu de captura de la democràcia representativa no tardaran a fer-se ressò d’aquesta mateixa programàtica: mutilada, disminuïda, domesticada, però en tot cas traduïda a la lògica del govern representatiu. I és que des del moviment s’ha avançat en la última dècada un programa alternatiu al de l’esquerra clàssica, welfarista i gestionària.

Per poc que es conegui el món activista no resultarà difícil identificar propostes com el decreixement, la renta bàsica, la desgeneració, el copyleft, etc., etc.... La llista es faria enorme i, com és evident, encara que no faltarà a les assemblees qui s’oposi a les propostes de qualsevol llistat eventual que ara poguéssim formular; encara que les assemblees no arribin, en la seva deliberació immediata, a estructurar una proposta congruent i es conformin amb elevar, sota el seu repertori expressiu, un cahier de condoléances o quadern de queixes de la multitud (la deliberació en el marc procedimental de la democràcia absoluta és el que té), el fet és que ens trobem davant d’un desenvolupament matricial alternatiu el que, abans o després, podrà acabar de ser efectiu per mitjà de la política del moviment.

No anem malament d’organització

Encara que falten moltes coses, la potència desplegada aquests dies a les places, el treball procedent de la xarxa, el que es realitza ara, el que vindrà...; tot evidencia que la capacitat autoorganitzativa és més que suficient per seguir endavant. Especialment en la mesura que certes xarxes oportunistes que participen en el procés únicament guiades per la finalitat d’extreure rendiments del seu esgotament no arribin a ser la massa crítica que pot col·lapsar la creativitat organtizativa de la multitud. Les mesures adoptades després de la càrrega dels mossos, la insistència en la desterritorialització a la xarxa dels processos de definició estratègica intrínsecs a la plaça i a altres mesures que apunten a un encert organitzatiu que resol exigències tàctiques immediates.

Tot i això, també queda pendent la conceptualització i efectuació subsegüent d’un model organitzatiu capaç de comprendre la dinàmica que està en marxa. Amb resoldre moltes de les qüestions que es plantegen, el repertori assembleari amb les seves comissions i subcomissions, arrisca a posar en perill el progrés del moviment a mans d’una ralentització deliberativa interminable que bé podria acabar de sobte per acció d’un cop d’efecte de les forces de l’ordre. Aquesta hauria de ser una lliçó que no s’hauria perdre de vista després del que va passar ahir. Els ulls del Leviathan no cessen d’observar amb la més gran atenció tot el que passa a la plaça.

… però necessitem un model integrador d’agonisme i antagonisme


El risc de confondre l’esfera de l’àgora amb l’esfera pública de la democràcia realment existent és avui un perill massa gran com per no assenyalar-lo. No hem canviat de règim, ni tan sols hem guanyat un canvi en el disseny institucional que ens concedeixi un respir. Per més que el repertori modular de l’assemblea ens asseguri un marge deliberatiu, no hauríem de perdre de vista que això només és real en la mesura en que el moviment se sosté sobre una estratègia antagonista amb l’autoritat. Dit de manera més sintètica: antagonisme cap al comandament, agonisme dins de la plaça.

La lliçó de la jornada d’ahir que encara ha d’explicitar(-se) la multitud congregada a la plaça pública és que no hi ha deliberació sense desobediència i que a pesar de l’empoderament i l’èxit mobilitzador, el risc de caure en l’habitual estratègia de la tensió és més que evident. Cert és, val a dir, que aquest cercle està superant totes les expectatives d’intervenció de l’intel·lecte col·lectiu. Tant mateix, no sembla encertat considerar que en només un parell de setmanes haguem pogut assegurar-nos la continuïtat dels processos deliberatius. La millor prova és que seguim sent perfectament conscients de que el nostre pitjor enemic no és el Leviathan, sinó l’esgotament en el temps de la potència acumulada.

Tal i com estan les coses, tot apunta a que ara mateix cal anar intervenint i pensant una definició estratègica que, sense renunciar a la desobediència com a motor de la mobilització, consideri en tot moment el manteniment i extensió dels espais deliberatius com a eina fonamental del procés de subjectivació antagonista. D’aquest encert, la desobediència condueix a la deliberació i aquesta ha de sostenir a la vegada l’acció desobeient sense deixar d’ampliar-se i institucionalitzar-se com a àgora. Antagonisme pel Leviathan i agonisme per la multitud han de ser les dues dinàmiques complementàries d’un mateix moviment.

Però si la dinàmica agonística no ha d’obstaculitzar la dinàmica antagonista, aquesta última tampoc ha d’impedir la primera. El risc correlatiu al de l’agonisme sense antagonisme és el de l’antagonisme sense agonisme; és a dir, l’activisme per l’activisme. Aquí és necessari protegir la deliberació de la desobediència i assolir el nivell de reflexió que permeti madurar i fer néixer les institucions del moviment. De res serveix la victòria de l’eixam en el terreny antagonista front al Leviathan si finalment és incapaç de migrar quan arribi el moment.

L’estratègia diàdica de l’agonisme antagonista i de l’antagonisme agonístic

Arribats a aquest punt, la qüestió estratègica clau és com organitzar el desplegament de tota la potència política de la multitud en el mar d’un agonisme antagonista i un antagonisme agonístic. Està clar que s’ha d’intentar no caure en la trampa de la territorialitat (de la defensa de la plaça com un fi en si mateix). Les lliçons que en els anys passats hem extret de les zones autònomes temporals ara haurien de ser útils pel moviment, evitant caure en les trampes territorials del comandament.

Resulta igualment evident que no es pot permetre que el moviment es dilueixi en els barris si aquests no estan articulats com una xarxa per mitjà d’un principi de federalitat. Per si això no fos suficientment complex en si mateix, les asimetries dels processos que es tracen en l’espai metropolità no haurien d’entorpir els desenvolupaments singulars dels constituents (els nodes federats que són les assemblees barrials). El desig simetritzador que pot acompanyar a les ideologies del centralisme segueix sent un dels majors riscos que acompanyen la existència de campanyes centrals. Per contra, reconèixer el caràcter magmàtic dels processos constituents ens porta a reconceptualitzar el valor dels focus de desobediència que en cada moment es poden donar (així Barcelona agafant el relleu a Madrid per rellançar el moviment a l’espera de que un altre node faci el mateix amb Barcelona).

Així i tot, no és menys important estructura la xarxa emergent per mitjà de canvis repertorials que, sempre en el discutible horitzó de la tàctica desobedient (en l’antagonisme agonístic), assoleixi realitzar el progrés d’una deliberació inscrita en els marges del contenciós amb el comandament (l’agonisme antagonista). Dit d’una altra manera: el progrés del cicle de mobilitzacions i, per tant, el propi avanç del moviment, depèn en la última instància d’evitar la reificació de les acampades, la seva recuperació pels dispositius de captura de subjectivitat propis de la democràcia representativa i la seva estructuració com una mecànica de la reiteració repertorial.

Per contra, la innovació tàctica permanent, la recombinació repertorial o l’encertada producció discursiva resultant de l’agonisme antagonista constitueixen avui les opcions més encertades sobre les que organitzar una estratègia autònoma. És per tot això que del repertori de l’assemblea i l’acampada s’hauria de passar a formes exodants, nòmades, que mantinguin viva la desobediència que impulsa el moviment. L’anunci del final de les acampades, lligat a les convocatòries de confrontacions contencioses amb el poder sobirà, sempre acompanyades per la possibilitat de reterriotarialització en àgores contingents, efímeres i proliferants verifica avui l’actualització de la potència de la multitud. La intel·ligència col·lectiva s’està demostrant, una vegada més, la clau de l’èxit.

dimarts, de juny 07, 2011

[ cat ] Entrevista a Versió RAC1


Ja es troba on-line l'entrevista sobre el 15M amb en Toni Clapés i la resta de l'equip de Versió RAC1.

divendres, de juny 03, 2011

[ cat ] L'onada de la dignitat arran del 15-M

Article publicat a l'edició catalana de Público, 3 de juny de 2011, pàg. 5



El 15M ja és tot un esdeveniment. Lluny de quedar-se en l'anècdota electoral a la qual es volia reduir mediàticament, el cicle de mobilitzacions ha sabut (1) transcendir l'obertura de la finestra d'oportunitat que se li va obrir amb les eleccions, (2) organitzar-se autònomament de manera dinàmica, reticular i cibernètica, i fins i tot (3) guanyar la seva particular batalla per la instauració d'un àgora metropolitana contra les forces del "ordre" (és a dir contra els partidaris de limitar la democràcia a la seva variant representativa liberal).

Aquest dies poden llegir moltes interpretacions del 15M. Crida l'atenció, però, que fins ara no s'hagi explicitat amb més claredat el caràcter de ruptura constituent que marca aquest esdeveniment. Potser per la inèrcia habitual dels analistes a mirar el present amb els ulls del passat, la lectura del que està succeint examina el moviment en una perspectiva poc innovadora, massa centrada en la lògica institucional i en la reducció del moviment a una simple “protesta” passatgera. La superació del llindar temporal de la campanya amb mobilitzacions a l'alça no deixa cap dubte: aquest cicle de lluites ha assolit un grau d'autonomia inèdit respecte a d'altres expressions anteriors.

Per comprendre la profunditat d'aquesta autonomia cal anar més enllà de les explicacions més freqüents. Així, per exemple, habitualment s'assenyala el paper de les xarxes socials com a nous mitjans de comunicació. Sens dubte, és cert. El problema és que a l'enfatitzar aquest aspecte, es deixa de banda un altre aspecte, potser més determinant: la dimensió organitzativa de les xarxes en relació a l'aparell productiu.

A diferència de les estructures verticals de partits i sindicats, la naturalesa reticular de l'estructura de mobilització que conformen les xarxes socials encaixa a la perfecció amb la realitat organitzativa de la vida cotidiana de la gent de les places. No estem, de fet, davant d'una mobilització corporativa dels treballadors de fàbrica o dels serveis públics. Es tracta més aviat de vides precàries, marcades per les contingències permanents de la contractació eventual i la necessitat de desenvolupar tota una sèrie d'habilitats socials i tecnològiques, a fi de sobreviure.

L'acampada, de fet, no és només un repertori d'acció conegut (acampada del 0,7%, Síntel, No a la Guerra). També és la cristalització simbòlica mobilitzadora de tot un modus vivendi del precariat. Estem vivint l'expressió més acabada que hagim conegut de les lluites protagonitzades per les figures de la precarietat. La seva composició tècnica, cultural, de classe, etc., és consustancialment diversa. La multitud a les places és un agregat canviant, complexe i simbiòtic de realitats laborals nascudes com resultat d'anys i anys d'implementació de polítiques de contractació neoliberals (externalització i subcontratactació, temporalitat extrema, fi de l'especialització funcional, etc.).

No és cap sorpressa que les places s'hagin convertit en espais d'agregació de realitats subjectives molt dispars. Tampoc sorprèn que les reivindicacions que surten de les assemblees semblin incongruents, fragmentàries o fins i tot contradictòries des de la lògica institucional del govern representatiu. En termes democràtics, les assemblees tenen un caràcter molt més expressiu, simbòlic i propedèutic que no pas legislatiu, programàtic o ideològic.

Per això, la sèrie de reivindicacions que estan produint les assemblees està més lligada a la possibilitat d'articular una manera alternativa de deliberar, participar i decidir que no a la redacció d'una sèrie de reivindicacions que portar a una taula de negociacions. En el moment mateix en que el moviment entri en una negociació qualsevol, haurà signat la seva pròpia liquidació. I és que el seu no és l'espai subaltern que el govern representatiu assigna al ciutadà actiu respecte als que considera protagonistes de la vida política (notables i partits). Sinó que és l'espai de producció d'una nova institucionalitat. No de manera gaire diferent de com els partits i sindicats obrers van produir les condicions de l'actual marc institucional.

Queda per veure, això sí, si el moviment optarà per la via de l'autonomia o si serà cooptat per un nou disseny democràtic representatiu de més qualitat. No sembla, però que de moment les elits polítiques estiguin gaire per aquesta tasca. És clar que encara queda per veure fins a on poden arribar les noves ágores nascudes fa només un parell de setmanes. De moment han aconseguit tenir les autoritats a la defensiva.

dijous, de juny 02, 2011

[ es ] [ NEM 4 ] La danza de Medusa

[ versión 0.0 ]
 


Las últimas asambleas (y no pocas de las que todavía quedan por venir) debaten apasionadamente sobre la pervivencia de las acampadas. En las áreas metropolitanas, la extensión por los barrios puede estar llevando cierto tiempo, pero la fase de expansión parece que llega a su madurez cubriendo prácticamente todo el territorio. Parafraseando a Nietzsche: "el movimiento crece, pobre del soberano que albergue movimiento".

En algunos núcleos de población pequeños y medianos (las extremidades de las redes sociales), sin embargo, empiezan a experimentarse cambios tácticos importantes que marcarán el despliegue de movimiento. En Toledo, por ejemplo, el centro ya se ha disuelto cediendo el protagonismo a los barrios. Sin duda es una decisión más sencilla que la de Sol o Plaça de Catalunya. En los "epicentros" metropolitanos se espera una señal inequívoca para dar el paso decisivo. El fetichismo de la acampada puede resultar demasiado caro al movimiento y en estos momentos se precisan ya vectores que apunten salidas creativas, movilizadoras y oportunas.

Debatir en la incertidumbre, acertar en la decisión: la política democrática

En el debate sobre la disolución de las asambleas, el principal inconveniente radica en la incertidumbre ineludible que siempre invade a quien ha de tomar una decisión. Sólo desde los marcos interpretativos heredados del pasado se puede operar con certidumbre. Sin embargo, certidumbre no significa acierto. El acierto, de hecho, depende de la combinación del azar y la habilidad. Más aún, las viejas certidumbres ideológicas (incluso si fueron marcos interpretativos de éxito en el pasado) nunca alcanzan a ser garantía de nada cuando las situaciones han cambiado. Y menos aún en momentos de ruptura constituyente como el actual, donde la fuerza del acontecimiento lo cuestiona todo, donde la expresión multitudinaria de lo político desborda las pobres maquinarias ideológicas del pasado.

El tiempo y lugar de la decisión siempre producen un horror vacui. La explicación estriba en que la decisión es constitutiva de la política; es lo político en sí mismo. La política no trata del poder; y menos aún del poder en esa concepción funcionalista que lo entiende como la capacidad para obligar a alguien a hacer algo que no quiere. La política nos interpela sobre el decidir: quien decide qué, cómo lo decide, con quien lo decide, contra quien lo decide... Por eso la política es, también, conflicto; porque la mayoría de las veces no se puede decidir sino es contra alguien (contra el opresor, contra quien detenta el poder). Pensarse que el diálogo lo arregla todo, que puede evitar cualquier enfrentamiento es, sencillamente, falso.

El principal problema de las asambleas al decidir sobre las acampadas no es, por lo tanto, una cuestión de reproducción mecánica de viejas recetas, sino de experimentación contenciosa, de práctica teórica en el marco de una lucha contra un poder opresor (aunque este se ejerza por los métodos menos malos: la democracia liberal). En momentos como el actual hemos de intentar formular alternativas ante la ausencia de modelos organizativos de fácil (¿inmediata?) comprensión. La ausencia de referentes empíricamente conocidos puede acabar decantando las deliberaciones hacia la repetición de errores del pasado y la tentativa (fracasada de antemano) de poner en práctica experimentos organizativos ajenos por completo al cuerpo social que protagoniza y da vida a este proceso: la multitud. 

Do it yourself: un proceso sin manual de instrucciones

Carecemos, por tanto, de manual de instrucciones para decidir sobre las acampadas. Pero eso no quiere decir que no podamos ingeniárnoslas para encontrar respuestas a nuestras preguntas. Para ello disponemos de una formidable maquinaria cerebral capaz de asociar ideas, de poner en común conceptos y formular respuestas inteligentes de manera colectiva.

En este post proponemos una imagen gràfica, un poema visual de la intelecto colectivo natural que nos sirva para intervenir en el desarrollo autónomo del proceso actual. En la extrema izquierda muchos buscarán sus viejas certidumbres y preferirán predicar su obsoleto Qué hacer? leninista; o su viejo manual anarquista. A buen seguro no falta un troskista que nos hable de la revolución permanente. Las viejas redes de la izquierda más extrema, se han retratado, sin embargo, desde el primer momento. A medida que ha avanzado el movimiento las plazas se han converitdo en un perfecto dispositivo diagramático capaz de detectar la frontera entre el intelecto colectivo y el identitarismo psicopatológico.

En este mercado de las certidumbres ya han aparecido también otras sectas, las religiosas, y grupos new age para cerebros blandos y postmodernidades consevadoras. También tenemos gentes que todo lo resuelven con un Estado propio, como si la forma-Estado no fuese parte intrínseca en la configuración del mando. Y nos sobra, por descontado, mucha razón cínica y una cantidad ingente de pesimistas innatos; psiques pasivo-agresivas que ya han predicho (sí o sí) el fracaso. Lo que no nos explican, por cierto, es qué les lleva a perder el tiempo entre nosotrxs, multitud. No hay nada más fácil que tener certidumbres: basta con recurrir a la superstición, a la trascendentalidad, a la mística o a la estadística.


Y si todo tiene que cambiar, ¿qué nos queda? La estructura de la decisión


La experiencia nos lleva, sin embargo, a plantear el problema desde otro punto de vista, a saber: el punto de vista que se sitúa en la estructura de la decisión democrática. En democracia, quien decide bien (acertadamente) lo hace siempre en el mejor ejercicio de sus capacidades, pero también siempre en un margen de incertidumbre. A diferencia de los autoritarismos (y por eso el mando ha optado por la democracia limitada o liberal), la democracia institucionaliza la incertidumbre por medio de su propia procedimentalidad. La contingencia es inevitable, cierto; la contingencia de un orden político en su totalidad inherente a toda ruptura constituyente requiere una democratización completa, tiene remedio y se llama democracia absoluta. 

Nos referimos a la democracia en la que la participación es directa o bajo mandato imperativo; la que no conoce límites en la definición de sus temas de debate; aquella que decide soberanamente sin su subordinación a ningún poder coercitivo. Una democracia que, porque no es objeto de acotamientos temporales (legislaturas) ni espaciales (parlamentos, gobiernos y otros espacios de poder) se desarrolla de manera ilimitada, procesual, democratizando todo lo democratizable; a comenzar por las propias democracias demediadas, representativas o liberales. Esta es la democracia que se ha abierto paso en las plazas transformándolas en auténticas ágoras.

Politics reloaded: una nueva gramática política

Poder debatirlo todo, poder cambiarlo todo (asumir el horizonte constituyente de la democracia absoluta) comporta, inevitablemente, cuestionarse la política desde sus fundamentos más elementales y autoevidentes. Así, por ejemplo, necesitamos cuestionarnos el individuo, pero no para dejarlo estar, a la manera del psicoanálisis; sino para redefinirlo como simbionte, esquizoanalíticamente. 

Otra antropología política

El simbionte fue una alternativa al comienzo de la modernidad, cuando la vida todavía se desarrollaba en espacios muy marcados por el común y el capitalismo todavía no había constituido su propio sujeto: el individuo; ese yo-desvinculado, impersonal, sin atributos singulares derivados del común; un yo narcisista y posesivo, opuesto a un nosotros abierto al otro y solidario.

Althusius, teórico político del principio federal era perfectamente consciente de la necesidad de una antropología política fundada en otra singularidad. La encontró en el simbionte, que ejemplificó en el lento proceso de formación del cuerpo social que comienza por la relación madre-hijo. Althusius era perfectamente consciente de que no nacemos humanos, sino que lo devenimos. Obsérvese el siguiente caso:


¿Puede esta singularidad firmar libremente un contrato social? ¿Puede hacer operativo el velo de la ignorancia rawlsiano? La ficción liberal del contrato no es más que la realidad de la sumisión a un poder soberano que nos gobierna por medio del miedo. Hobbes, como teórico legitimador del absolutismo moderno y padre del contractualismo liberal, lo sabía bien.

Otra contractualidad

Toda teoría política necesita también una idea del vínculo, pacto o contrato social. Un vínculo que ha de ser libre y que nos conduce, por ello mismo, a ligar la antropología política con la constitución del orden social. El individualismo posesivo de la moderna gramática política capitalista encuentra en el contractualismo liberal su solución. Éste se funda, a su vez, sobre el convenio abrahámico, en la modalidad de vínculo que liga a Abraham con Yahvé y que le conduce a sacrificar a su hijo por obediencia a un mando trascendente.

En el mitema del sacrificio de Isaac, se rompe el vínculo simbiótico padre/hijo y se instituye la patria potestas. El poder del Dios (el Estado) es el poder del padre para matar al hijo (desde su nacimiento) y, con ello, para exigir su muerte cuando lo considere oportuno. Es en esta línea en la que Hobbes habla cuando enuncia los términos en que el contrato entre individuos se encuentra en la base del soberano moderno. Foucault lo dejó bien claro al apuntar a la estructura clásica de la soberanía: "un poder de muerte, que permite gobernar la vida" (vitae necisque potestas). He ahí el lugar desde el que nos gobiernan.

Satanás nos hará libres

La alternativa que se deriva de la antropología política althusiana (del simbionte) se formula en una contractualidad completamente diferente; en una contractualidad que no es el pacto con dios, sino su negación materialista: el pacto con el diablo. Frente al mitema abrahámico, el mitema fáustico (desde el Fausto que le da nombre hasta Robert Johnson y el origen del blues) siempre ha estado en la raíz de la autonomía. Satán es la desobediencia al poder soberano que inaugura el movimiento histórico. Sin él no habría habido nunca, de acuerdo con la mitología bíblica, historia de la humanidad. 

A diferencia de dios, cuya libertad es siembre una libertad en la obediencia, una libertad bajo la égida y la observancia de un poder absoluto; el diablo nos ofrece una libertad fundada en la estructura de una decisión, por posible, auténtica. La desobediencia es la condena a valerse por si mismo, a afrontar el dolor y la realidad del mundo material sin promesa eterna; a abandonar, en definitiva, el dispositivo de la trascendencia para asumir el carácter inmanente de la decisión (vale decir, de lo político). Con Satán, a la manera de Fausto, nuestras decisiones tienen efecto sobre nuestro destino. Con dios, a la manera de Abraham, nuestra decisión siempre es vigilada, incompleta. 

No es casual, por tanto, que el primer Estado moderno fuese el Estado absolutista (un Estado legitimado en dios), como tampoco que hubiese que apelar a la igual dignidad de nacimiento (a la nación del artículo primero de la declaración universal de derechos del hombre y el ciudadano) para poder inagurar la democratización. En los últimos tiempos, con el devenir global de la democracia libera, llegamos, no obstante,  a un dilema distinto al de la obediencia a dios. La pregunta ya no es democracia liberal sí o democracia liberal no. La pregunta es más bien: democracia, ¿hasta dónde? La democracia absoluta nos ofrece una posibilidad de respuesta.

Pero la democracia absoluta no será un regalo de origen divino, como tampoco lo fue la democratización en su fase liberal. Resulta preciso desde la formulación de una matriz normativa autónoma, producir los conceptos que articulen y aporten el modelo organizativo que nos saquen de este impasse del decidir semana tras semana qué hacer con las  acampadas. He aquí nuestra propuesta.

Aprender de la naturaleza: devenir animal

El otro día hacíamos referencia al enjambre como principio organizativo rector de la multitud. Nos referíamos a la capacidad del intelecto colectivo para organizar resistencias y ganar el contencioso desobediente con el mando. Henos ahora, por fin, en el terreno de la praxis de estos días.

Y es que a menudo nuestras teorizaciones han sido acusadas de teoricismo innecesario, de onanismo intelectual, de idealismo abstruso y cosas peores. Conocido es el anti-intelectualismo que mora en las cabezas de una cultura política marcada por siglos de poder inquisitorial, púlpitos y prédicas autocráticas. Nada, pues, como la relación de evidencia con lo concreto para contrastar hipótesis (por descontado siempre habrá peores ciegos que no quieran ver).

Obsérvense con atención y compárense los dos videos siguientes. Este primero corresponde a la vista aérea de los enfrentamientos entre el mando y la multitud el pasado viernes en Barcelona


Este segundo es un ejemplo extraído de la naturaleza:


Los paralelismos resultan evidentes. La multitud más arriba, podría decirse, deleuzianamente, "hace rizoma" con el banco de peces de más abajo. Sin partidos de vanguardia, la multitud logra su objetivo: recuperar la plaza que ilegítimamente le disputa un soberano que ya sólo puede instituir su decisión en las contradicciones normativas que se derivan del ejercicio de la democracia como una procedimentalidad absoluta y la necesidad de su limitación para poder estructurar un régimen cuyo poder siempre se define como un poder sobre cuerpo social.
Lo que se observa en este ejemplo, frente a la dominación biopolítica, es una política anterior, que nace en el momento previo a la constitución del soberano moderno y que instaura una institucionalidad otra, bajo una estructura federal (simbiótica) de la soberanía, en la que el ser uno depende del resto de singularidades irreductibles. Nos referimos a una "zoepolítica", a una política anterior a la institución del mando biopolítico, a una política capaz del gesto en la incertidumbre total de la contingencia, a una política en la que el intelecto colectivo se impone a la racionalidad instrumental del individualismo posesivo (el gorrón o free-rider de la teoría de la acción racional).

La danza de Medusa

En el artículo que acabamos de mencionar, distinguíamos un doble momento estratégico que requería de nuestra inteligencia para organizar el movimiento. Por una parte, el momento del antagonismo o del enfrentamiento con el mando (por más que, desafortunadamente, la presencia de culturas políticas autocráticas, nunca permita determinar una frontera clara entre el nosotros y el ellos, a la manera de la argumentación schmittiana). Este es el momento del enjambre de la multitud, el momento (real) que se visualiza en Plaça de Catalunya.

Por la otra parte tenemos el momento agonístico o de confrontación (nótese que confrontar no es enfrentar) entre pareceres diversos; la lucha en el ágora por adoptar la decisión que no se funda en la libertad del individuo sino en la del que piensa diferente (de acuerdo al apotegma de Rosa Luxemburg). Es esta una pugna que no tiene fin, que no logra restituir hegemonía alguna, sino que se despliega siempre en un horizonte ilimitado, acrático, constituyente. Es, si se quiere, la constitución del común.

Otro día abordaremos el problema endógeno del movimiento: el problema agonístico. Ahora, sin embargo, debemos centrarnos en el debate sobre levantar las acampadas. Esta deliberación, decíamos, requiere el enunciado de un modelo estratégico que integre de manera coherente y natural (zoepolítica) la solución a la ecuación que plantean los elementos acampadas centrales, extensión a los barrios, momentos de ruptura desobediente con el poder soberano. Nuestra propuesta es observar a la medusa.

Del mitema medusiano a la medusa zoológica: la maquinaria antagonista

En la mitología griega, Medusa es un monstruo telúrico que, por su propia condición ctónica, surge de la tierra y petrifica a quien la mire. Pero Medusa es también, en el trabajo clasico de Freud la fisura mitopoiética en la configuración del psiquismo edípico. Medusa es la madre sexuada, guerrera. Medusa es la ira femenina. Su danza es antagonismo con la estructura del soberano moderno que se instaura con la patria potestas. Medusa es matriota, no patriota. Medusa es Ulrike Meinhof.

Para resolver la ecuación que plantea levantar los campamentos a las asambleas acudamos nuevamente al ejemplo natural. He aquí otro vídeo que nos muestra cómo nada la medusa-animal:


Tomemos su dinámica y situemos en el cerebro de la medusa (en su centro contráctil pero que dota de sentido a su recorrido) las plazas centrales en las que se han producido las primeras acampadas y desde las cuales se ha ido difundiendo el repertorio modular de acción colectiva. Esta decontracción centrada y con sentido (desde las asambleas centrales) hacia los extremos (las asambleas de barrio) es lo que permite el impulso sucesivo y complementario hacia adelante (las convocatorias antagonistas de acción disruptiva que escinden del poder soberano: por ejemplo, la del próximo 15J).

Por operacionalizar brevemente el modelo. La serie decisional a adoptar sería: 

1) hacer de los centros zonas autónomas temporales, espacios contingentes, no territorialmente estables (como el banco de peces que rodea al tiburón en el video anterior) y que, además, se contraigan (desaparezcan efímeramente de su ubicación espacio-temporal) a fin de ...

2) ...trasladar a los barrios (tentáculos de la medusa) la producción de movimiento (los movimientos de los tentáculos que se expanden sacudiendo todo el territorio), esto es, ...

3) ...el impulso que se dirija al momento de ruptura constituyente con el poder soberano. Así, ...

4) ...la reaparición autónoma y temporal del ágora central podrá evaluar sus propias decisiones organizando una estratégia a más medio y largo plazo.

Quienes estén al corriente de las reflexiones de Hardt y Negri sobre la jauría de lobos podrían objetar que se pretende restituir dicho modelo, basado en la centralidad del partido (armado) de vanguardia. Nada menos cierto. Las medusas nadan en bancos (enjambres):


La cuestión, por tanto, es organizar las áreas metropolitanas de acuerdo con la dinámica de la medusa y el conjunto del movimiento, transnacionalmente, en un proliferante banco global de medusas.La medusa-animal pone de manifiesto una estructura sencilla, fácilmente reproducible de manera artificial por el intelecto colectivo. Obsérvese este otro vídeo: 


La reproducción mecánica es sencilla, pero eficaz. No por nada las medusas son algunas de las formas más antiguas de vida que siguen vivas. Tal vez en su movimiento radique la respuesta táctica que estamos buscando al dilema de dejar las plazas.

Y es que si queremos hoy construir una maquinaria resistente, antagonista, capaz de enfrentarse con éxito al mando, de organizar el sentido de movimiento desde el intelecto colectivo y de coordinar las dinámicas asamblearias de manera armónica, haríamos bien en devenir medusas navegando en el océano del porvenir.